São Paulo, SP – Las personas diagnosticadas con trastorno bipolar tipo 2 enfrentan un riesgo de muerte prematura 60% mayor que la población general de su misma edad. El dato surge de una investigación con más de 11 mil participantes publicada en la revista científica JAMA Network Open. Considerada durante décadas como una variante más leve del cuadro maníaco-depresivo clásico, esta condición eleva las probabilidades de fallecimiento por complicaciones clínicas, accidentes y, sobre todo, suicidio, una causa de muerte seis veces más frecuente en estos pacientes.
El psiquiatra Ricardo Feldman, del Hospital Israelita Albert Einstein, advirtió sobre la gravedad de esta situación: “Este es el peor desenlace posible para cualquier trastorno mental. Cuanto menos tratamiento, apoyo y medidas conductuales existan, mayor es el riesgo”. El estudio determinó que la mortalidad temprana responde tanto al deterioro físico directo —como problemas cardiovasculares y metabólicos— como a causas externas no naturales vinculadas a conductas de riesgo.
El trastorno bipolar altera la regulación del estado de ánimo y genera cambios bruscos entre fases de depresión profunda y etapas de euforia o agitación motora. “En los episodios de manía, el paciente está más exaltado, con mayor euforia, irritabilidad, pensamiento acelerado, habla rápida y muchas ideas al mismo tiempo. Puede ponerse en peligro debido a estas conductas, con compras compulsivas, impulsividad y aumento del deseo sexual”, explicó Feldman.
La diferencia clave entre las dos variantes radica en la intensidad de estos momentos de euforia. El tipo 1 presenta manía clásica severa con riesgo de delirios y alucinaciones. En cambio, el tipo 2 se caracteriza por hipomanía —sin cuadros psicóticos— alternada con episodios depresivos prolongados y profundos. Debido a que no hay delirios visibles, los consultorios y los centros de salud pública tienden a subestimar el impacto del tipo 2.
“En la hipomanía no hay síntomas psicóticos. Por eso, durante mucho tiempo, el bipolar tipo 2 se consideró menos grave. Hoy sabemos que provoca un sufrimiento enorme y un fuerte deterioro funcional”, afirmó el especialista. Aunque las cifras oficiales estiman una prevalencia de entre el 1% y el 3% de la población, el subdiagnóstico y la falta de detección temprana podrían llevar la cifra real hasta el 8%.
La confusión en el diagnóstico constituye una barrera cotidiana en la atención primaria de salud. Como las personas suelen pedir ayuda médica únicamente cuando atraviesan fases depresivas agudas, muchas terminan recibiendo recetas y tratamientos para depresión unipolar o común.
“El tipo 2 todavía está muy subdiagnosticado. Muchas veces el paciente pasa años tratado solo por depresión común, hasta que presenta un episodio de hipomanía. Es crucial diferenciarlo porque algunos tratamientos para la depresión pueden traer riesgos a quienes tienen depresión bipolar”, alertó Feldman. La demora médica agrava el pronóstico: “Cuanto más lejos se esté de la atención psiquiátrica adecuada, peores son los resultados”.
Esta vulnerabilidad física y conductual abarca múltiples factores. Quienes viven con esta condición presentan mayores tasas de obesidad, alteraciones metabólicas y consumo problemático de alcohol y otras drogas. Al mismo tiempo, la impulsividad de la hipomanía expone al paciente a accidentes y situaciones de peligro físico. “Las causas externas ocurren debido a este comportamiento de riesgo, a la alteración del ánimo que provoca impulsividad, agitación y aceleración”, detalló el psiquiatra.
Para frenar esta tasa de mortalidad temprana, el especialista señaló que no alcanza con administrar estabilizadores del ánimo. El abordaje médico integral debe combinar psicoterapia, regulación de las horas de sueño, actividad física regular, alimentación balanceada, red de contención familiar y seguimiento clínico permanente.
“Lo que necesitamos hacer es garantizar el acceso al tratamiento y capacitar a los equipos de salud para identificar estos cuadros a tiempo. También debemos fortalecer las políticas públicas de salud mental, expandir los servicios comunitarios y concientizar a la sociedad de que los trastornos mentales son enfermedades que demandan cuidado continuo”, concluyó Feldman.



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