Foz do Iguaçu, PR – El cáncer de estómago o gástrico, históricamente ligado a personas de edad avanzada, está experimentando un cambio en el perfil de sus pacientes. Un estudio internacional publicado en la revista científica Cancer Biology & Medicine identificó un incremento continuo en la incidencia de esta enfermedad entre adultos jóvenes menores de 50 años, en contraste con la disminución paulatina de casos registrados entre la población de mayor edad en múltiples países.
En la actualidad, el cáncer gástrico se posiciona como el quinto tumor más frecuente a nivel global, con cerca de un millón de nuevos diagnósticos al año. Pese a los adelantos en las técnicas de diagnóstico y esquemas terapéuticos, la patología suele ser detectada en etapas avanzadas, lo que limita de forma drástica las probabilidades de curación y mantiene altas tasas de mortalidad, incluso en naciones de altos ingresos.
Los datos del análisis, basados en el registro mundial GLOBOCAN 2022 que abarca información de 185 países entre los años 2003 y 2017, revelan que en 2022 el Este de Asia concentró casi el 54% de los aproximadamente 968.000 casos globales y el 48% de las cerca de 660.000 muertes vinculadas a este tumor. Aunque la tendencia general mostró una caída en la incidencia global, se reportó un repunte de casos en países como Nueva Zelanda y Sudáfrica, así como en diversas regiones de Europa y las Américas, sumado a un aumento marcado entre la población femenina.
“El aumento de los casos de cáncer gástrico en adultos jóvenes ha llamado la atención internacionalmente. Hoy sabemos que las personas nacidas entre las décadas de 1980 y 1990 presentan tasas significativamente mayores que las generaciones anteriores”, advierte el oncólogo Roberto Pestana, del Einstein Hospital Israelita.
Si bien en este grupo de edad existen condiciones genéticas específicas —como el cáncer gástrico difuso hereditario y el síndrome de Lynch—, estas solo explican alrededor del 3% de los hallazgos. “La mayoría de los casos ocurre de forma esporádica y parece estar relacionada con cambios comportamentales, ambientales, alimentarios y metabólicos”, precisa Pestana.
La bacteria Helicobacter pylori (H. pylori) se mantiene como el factor de riesgo determinante, siendo responsable de aproximadamente el 90% de los tumores gástricos no cardias (aquellos ubicados fuera de la zona de transición con el esófago). La evidencia científica sostiene que la erradicación oportuna de esta bacteria reduce entre un 40% y un 50% la aparición de este tipo de neoplasia.
A lo largo de las últimas cinco décadas, las políticas de prevención orientadas a la higiene y la mejora en las condiciones socioeconómicas lograron reducir la incidencia en los adultos mayores y en diversos países asiáticos. “Mejoras sanitarias, mayor acceso al diagnóstico y cambios en los hábitos alimentarios, especialmente la reducción en el consumo de sal y una mejor conservación de los alimentos, también tuvieron un impacto importante”, explica el especialista.
No obstante, en contraposición a este descenso generalizado, el alza de diagnósticos en menores de 50 años —particularmente en naciones que exhibían bajas tasas de prevalencia— está asociada a factores emergentes como el aumento de los índices de obesidad, la enfermedad por reflujo gastroesofágico y alteraciones en la dieta y en el microbioma gástrico.
Expertos advierten que esta evolución exige adecuar las estrategias médicas. “Estos tumores de inicio temprano parecen tener características biológicas propias y frecuentemente presentan un comportamiento más agresivo”, destaca Pestana, al señalar que la baja sospecha clínica en pacientes jóvenes deriva con frecuencia en un diagnóstico tardío.
Frente a este escenario, las recomendaciones epidemiológicas enfatizan la detección y tratamiento temprano de la infección por H. pylori, junto con el control de peso corporal, la suspensión del tabaquismo, la reducción en el consumo de alcohol y productos ultraprocesados, y la adopción de pautas de alimentación saludables.



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