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Uruguay enfrenta la mayor tasa de suicidios de América Latina

El país registró 668 muertes por suicidio en 2025. La soledad, el silencio, las dificultades de acceso a la atención, la violencia y la incertidumbre sobre el futuro aparecen entre los factores relacionados con el problema

Problemas económicos, desigualdad social y salud mental, son algunos de los factores que profundizan la problemática de los suicidios. Foto: GETTY IMAGES

Montevideo, URU – Uruguay enfrenta una problemática persistente en materia de salud mental. Aunque el país registró una leve disminución en la cantidad de suicidios durante el último año, mantiene la tasa más alta de América Latina, con 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes.

En 2025 se registraron 668 muertes por suicidio en el país. Del total, el 79% correspondió a hombres y el 21% a mujeres. Los hombres mayores de 80 años representan el grupo más afectado por las muertes por suicidio, mientras que los intentos de suicidio son más frecuentes entre adolescentes de 15 a 19 años, principalmente mujeres.

Durante la presentación del informe anual, la ministra de Salud, Cristina Lustemberg, también expresó su preocupación por la situación de la población de entre 10 y 14 años.

“Detrás de cada número hay una persona, hay una trayectoria vital interrumpida, hay una familia y una comunidad profundamente afectada”, afirmó la ministra.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), únicamente Guyana y Surinam presentan tasas de suicidio superiores a la de Uruguay en el continente americano. La tasa de suicidios en el conjunto de las Américas es de 9,2 muertes por cada 100.000 habitantes.

Las autoridades uruguayas advirtieron, sin embargo, que la disminución registrada en 2025 no debe interpretarse como un cambio de tendencia. El suicidio continúa siendo uno de los principales desafíos de salud pública en el país.

Entre las iniciativas destinadas a la prevención se encuentra “Ni Silencio Ni Tabú”, un programa desarrollado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJU), junto con el Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef. La iniciativa promueve actividades de atención y prevención de la salud mental, especialmente entre jóvenes.

En uno de estos espacios participa Yamila Durán, de 18 años, quien asiste a un taller de maquillaje artístico. En los días en que se siente bien, se pinta el rostro de verde, lila y amarillo. Cuando su estado de ánimo no la acompaña, opta por un sencillo delineado negro. Al finalizar las actividades, Yamila conversa con sus compañeros y coordinadores sobre las emociones que experimentó durante el ejercicio y sobre los colores que eligió para expresarlas.

La joven cuenta que cuando llegó al espacio por primera vez “se sentía sola” y que no se sentía comprendida ni escuchada. Aunque nunca intentó quitarse la vida, llegó a fantasear con esa posibilidad. También se alejó de sus amigos y abandonó la secundaria durante dos años.

“Fue después de hablar con los psicólogos e incluso con mis compañeros, cuando empecé a formar vínculos. Eso me ayudó a sentirme mejor”, relata.

La soledad y el aislamiento social

La soledad se encuentra entre los principales motivos de consulta psicológica en Uruguay. Para la psicóloga y doctora en Educación Carmen Rodríguez, de la Universidad de la República de Uruguay, las transformaciones en las relaciones sociales pueden contribuir al aumento de la sensación de desconexión.

“La época en la que vivimos es particularmente hostil para la salud mental y contribuye a que muchas personas se sientan solas”, afirma.

Según Rodríguez, una dinámica social cada vez más centrada en el individuo, la productividad y el éxito puede aumentar el sentimiento de aislamiento.

La psicóloga y docente interina de la Universidad de la República Jhoana Lecuna, integrante de la Red Iberoamericana de Suicidología, también destaca el papel de la soledad.

“La soledad ocupa un lugar importante en el malestar”, señala.

Para la especialista, la soledad no significa necesariamente estar físicamente solo, sino experimentar una falta de conexión significativa, de pertenencia o de redes de apoyo.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, a nivel mundial, casi una de cada seis personas afirma sentirse sola. En Uruguay, la cifra es casi el doble. Un estudio realizado por una consultora privada para el Ministerio de Salud Pública señala que el 24% de la población se encuentra en el nivel más alto del índice de soledad.

Entre los jóvenes, esta situación puede estar relacionada con una etapa marcada por cambios y construcción de identidad, en la que los vínculos sociales tienen un papel importante.

“La soledad tiene que ver con el individualismo y con el crecimiento vertiginoso de las redes sociales, que se han convertido en uno de los principales medios de socialización”, explica Rodríguez.

El silencio sobre la salud mental

La dificultad para hablar sobre el sufrimiento psicológico también aparece entre los factores relacionados con el problema. Yamila encontró en sus padres un primer espacio de apoyo, pero afirma que no logró conversar con ellos con la profundidad que necesitaba. Según la joven, la falta de herramientas para abordar cuestiones relacionadas con la salud mental dificultó el diálogo.

“No podía hablar con ellos porque no me decían nada”, relata.

“Mi padre es un hombre bastante viejito que no cree en el psicólogo y mi mamá está trabajando todo el tiempo. Ellos tuvieron una infancia dura, entonces no saben mucho cómo hablar de estos temas”, agrega.

En el centro donde participa de los talleres de maquillaje artístico, la joven tuvo acceso a sesiones de terapia, que recuerda como el primer espacio en el que pudo hablar realmente sobre lo que estaba viviendo.

“Yo me callaba muchas cosas porque me daba vergüenza. Tenía como un escudo que me restringía de hablar por miedo a decir cosas que estuvieran mal”, afirma.

Para Jhoana Lecuna, el suicidio todavía no ocupa en el debate público un espacio proporcional a la dimensión del problema.

Entre 2012 y 2019, el suicidio fue sistemáticamente la principal causa de muerte violenta en Uruguay, por encima de los homicidios y los accidentes de tránsito.

“Sin embargo, los datos permiten observar una paradoja: la principal causa de muerte violenta del país no siempre ocupa un lugar proporcional en el debate público”, escribió Lecuna en una columna publicada en el periódico uruguayo La diaria.

El silencio también está relacionado con el estigma que todavía existe en torno a la búsqueda de ayuda psicológica. El propio nombre del programa al que asiste Yamila, “Ni Silencio Ni Tabú”, hace referencia a la necesidad de ampliar el diálogo sobre la salud mental.

“A quienes hoy están atravesando un momento difícil quiero decirles que pedir ayuda es posible, que no tienen por qué atravesar ese dolor en soledad”, afirmó la ministra Cristina Lustemberg durante la presentación del informe anual.

Dificultades para acceder a atención especializada

Uruguay ha avanzado en el reconocimiento de la salud mental como un derecho, con la incorporación de la atención psicológica al sistema público de salud y el desarrollo de diferentes programas de asistencia. Para Jhoana Lecuna, sin embargo, todavía existe una diferencia importante entre el reconocimiento de ese derecho y el acceso efectivo a los servicios.

“Sin embargo, considero que todavía existe una distancia importante entre el reconocimiento de ese derecho y el acceso efectivo, oportuno y adecuado a los servicios”, afirma.

Para muchas personas, recibir atención psicológica en Uruguay continúa siendo difícil. En Las Piedras, la tercera ciudad más poblada del país y donde funciona el centro al que asiste Yamila, hay una sola psiquiatra en el sistema público, según informó el coordinador de la institución.

La distribución de los profesionales también representa un desafío fuera de la capital. Eugenia Godoy, directora del INJU, señala que ampliar la atención a diferentes regiones del país, incluidas las zonas rurales y las localidades de menores recursos, es uno de los objetivos de la institución.

“El acceso a especialistas suele ser más difícil en el interior del país. Por eso, de nuestros siete centros, solo dos están en la capital y el resto se distribuye en otras localidades”, explica.

Entre las medidas presentadas por el Ministerio de Salud Pública en julio se encuentran acciones para reducir los tiempos de espera para la atención psiquiátrica y mejorar el seguimiento de las personas que realizaron intentos de suicidio.

Los especialistas también advierten que salud mental y suicidio no son necesariamente equivalentes. Según la OMS, no todas las personas que mueren por suicidio padecen un problema de salud mental, al igual que muchas personas con problemas de salud mental no presentan deseos de quitarse la vida.

Violencia y desigualdad social

La prevención del suicidio también involucra factores sociales y relacionados con los vínculos. Laura Llambí, directora general de Salud del Ministerio de Salud Pública, señaló que enfrentar el problema requiere más que ampliar la respuesta del sistema sanitario.

“Necesitamos comprender mejor las diferentes trayectorias del sufrimiento, las desigualdades que atraviesan distintos grupos de población y el papel que tienen las comunidades, los vínculos y las instituciones en la protección de la salud mental”, explicó.

La violencia dentro del hogar, en las relaciones de pareja y en los centros educativos aparece entre los factores de riesgo.

“La violencia en los vínculos constituye otro factor de enorme relevancia. La violencia psicológica, por ejemplo, puede producir consecuencias sostenidas sobre la autoestima”, afirma Lecuna.

Las desigualdades económicas también tienen impacto. Un estudio de la Universidad de la República, publicado en 2023, señala que las personas en situación de pobreza tienen un 50% más de riesgo de desarrollar trastornos mentales severos.

“La pobreza, la precariedad laboral, las dificultades habitacionales, el desempleo y la desigualdad pueden aumentar la exposición al estrés y limitar los recursos disponibles para afrontar las crisis”, agrega Lecuna.

Las situaciones relacionadas con la violencia doméstica también presentan una mayor incidencia entre las mujeres. Una encuesta de Unicef Uruguay señala que el 30% de las mujeres jóvenes afirma haber sufrido algún tipo de abuso sexual durante la infancia o adolescencia, frente al 9% de los hombres.

Para Carmen Rodríguez, el abuso sexual infantil puede afectar la salud mental y aumentar el riesgo de autolesiones y conductas suicidas.

La incertidumbre sobre el futuro

Otro de los factores señalados por los especialistas es la dificultad para proyectarse hacia el futuro.

Para Jhoana Lecuna, la falta de oportunidades de desarrollo, estabilidad laboral, vivienda, independencia económica y proyectos de vida puede contribuir a generar una sensación de estancamiento.

“Cuando una persona no encuentra posibilidades de desarrollo, estabilidad laboral, vivienda, independencia económica o proyectos que le permitan imaginar un futuro posible, puede aparecer una sensación de estancamiento o de falta de horizonte”, afirma.

El contexto demográfico también representa un elemento relevante. Uruguay tiene aproximadamente 3,4 millones de habitantes y una población envejecida. Para Carmen Rodríguez, la atención profesional es importante, pero no suficiente para enfrentar el problema. También es necesario crear espacios de diálogo y relaciones capaces de reducir el aislamiento.

En el caso de Yamila, el acompañamiento terapéutico y la participación en actividades con otros jóvenes, en un ambiente donde afirma no sentirse juzgada, fueron importantes para su recuperación. La joven retomó sus estudios y afirma que los pensamientos suicidas se han disipado. Después de terminar la secundaria, quiere estudiar Psicología en la universidad.

“Siento que tengo potencial para hacerlo”, afirma.

Steve Rodríguez

Steve Rodríguez es reportero de Fronteira Livre, investigador y doctorando en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA). Posee una formación interdisciplinaria en narrativa audiovisual, estudios culturales latinoamericanos y prácticas pedagógicas anticoloniales. Su trayectoria articula la creación artística en ámbitos como el teatro, el cine y la cultura visual con la reflexión crítica y la investigación académica, desde una perspectiva inspirada en los estudios visuales desarrollados por Nicholas Mirzoeff.

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