Katmandú, Nepal – Las devastadoras inundaciones y los aludes de tierra en la frontera entre Nepal y China causan más de 800 muertos y dejan a cerca de 90 mil personas damnificadas. Las tareas de auxilio y rescate de víctimas cumplieron este lunes cuatro jornadas ininterrumpidas en medio de un escenario de destrucción extrema, agravado por la geografía empinada de la cordillera del Himalaya y la constante amenaza de nuevos desprendimientos, entre ellos un peligroso lago artificial formado tras un derrumbe masivo.
En territorio nepalí, el balance oficial de la Policía Nacional confirma 788 víctimas mortales, 2.742 personas heridas y alrededor de 3.000 ciudadanos con paradero desconocido. Un despliegue de casi 20 mil agentes de las fuerzas de seguridad e instituciones de auxilio recorre las laderas cubiertas de agua y lodo, operativo que hasta el momento permitió rescatar con vida a 8.730 sobrevivientes.
La magnitud del desastre provocó el colapso inmediato de los centros de salud y los servicios funerarios en Nepal. Debido a la acumulación de cuerpos en estado de descomposición y a la saturación total de las morgues —adonde acuden a diario decenas de familias para intentar reconocer a sus seres queridos—, las autoridades locales procedieron al entierro en fosas colectivas de aquellos restos que aún no pudieron ser identificados formalmente.
Del lado chino de la frontera, voceros del gobierno confirmaron el fallecimiento de 16 personas a causa de las lluvias torrenciales e informaron que la cifra de desaparecidos se redujo a 546, nómina que incluye a por lo menos 261 turistas y trabajadores extranjeros.
La Federación Internacional de la Cruz Roja calculó que más de 90 mil pobladores sufrieron daños directos en ambos países. En tanto, las autoridades de Pekín atribuyeron la violencia de las precipitaciones al impacto del cambio climático en las cuencas del Himalaya. El canciller chino, Wang Yi, calificó la tragedia como el «desastre transfronterizo más grave» en años recientes y detalló que las labores de búsqueda enfrentan un reto técnico crítico por la inestabilidad del suelo y el aislamiento de las comunidades.



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