Prisión de Ketziot, Israel — Mensajes de texto interceptados en investigaciones oficiales dejaron al descubierto una rutina de golpizas y torturas sistemáticas contra presos palestinos bajo custodia israelí. Las conversaciones privadas, difundidas por el diario local Haaretz, revelan a un grupo de custodios penitenciarios festejando la muerte a golpes del detenido Thaer Abu Asab, de 38 años, ocurrida dentro del complejo carcelario de Ketziot.
El homicidio ocurrió el 18 de noviembre de 2023. La acusación formal detalla que la agresión empezó cuando Abu Asab le preguntó a un guardia si ya regía un cese del fuego en la Franja de Gaza. Tras la pregunta, uno de los comandantes dio la orden de entrar a la celda e iniciar una golpiza colectiva para dejar en claro por la fuerza que no existía ninguna tregua.
En los mensajes enviados apenas terminó el ataque, una guardia le escribió a su pareja, quien también trabaja en el penal: “Vas a estar orgulloso de mí, de mi turno. Después de lo que pasó, el conteo tardó dos horas y 23 minutos. Saca tus propias conclusiones”. Enseguida, la mujer agregó: “¡Le están haciendo RCP en la enfermería ahora mismo, querido! Si Dios quiere, ese hijo de puta se va a morir”.
Otro agente festejó el operativo: “Caramba, ¡qué conteo! Acabamos con ellos”. La mujer describió el nivel de violencia en los pabellones: “¡Qué conteo demencial! Nunca vi nada igual. Les tiramos queso, rompimos unos huevos. Tanta sangre en las alas”. En la jerga de los guardias carcelarios, “tirar queso” significa propinar palizas severas, mientras que “romper huevos” describe patadas y golpes directos en los testículos de los reclusos. Minutos después, la custodia confirmó el desenlace: “Dios mío, le están haciendo RCP a un prisionero porque lo golpeamos. Murió. Mira, es gracioso cómo pasó todo en un segundo: pum, conteo; pum, prisionero muerto”.
Los hechos se mantuvieron bajo secreto y encubrimiento institucional durante tres años, hasta que las pericias telefónicas recuperaron los chats emitidos la noche del crimen y en las semanas posteriores. Con estas pruebas, el 1 de septiembre el servicio penitenciario israelí acusó formalmente a 12 custodios por el asesinato de Abu Asab y por las lesiones provocadas a otros ocho palestinos atacados durante la misma jornada.
A pesar de los textos explícitos donde se celebra el castigo físico letal, la fiscalía presentó cargos por figuras menores, como homicidio culposo —argumentando que no hubo intención directa de matar—, asalto con agravantes y lesiones corporales graves. El comandante y el sargento a cargo del turno enfrentan además cargos por obstrucción de la justicia. La investigación periodística de Haaretz concluyó que estos registros evidencian la práctica rutinaria del maltrato en los penales israelíes y muestran cómo mandos superiores ocultaron informes oficiales, evitaron intervenir y tomaron parte activa en las golpizas.



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