Rasuwa, Bagmati – La secuencia ininterrumpida de lluvias tras el desastre del 26 de agosto mantiene las laderas y los valles del Himalaya bajo alerta continua ante la posibilidad de nuevas avalanchas, inundaciones y deslizamientos de tierra. Científicos internacionales advirtieron que la amenaza de desastres en el Himalaya demanda integrar de inmediato la vigilancia de glaciares, pendientes rocosas y ríos bajo un solo sistema de riesgo conectado.
La advertencia la dio el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD). Aunque el peligro de inundaciones masivas no es inminente para las próximas horas, la criosfera en la región de Kiyrong-Rasuwa sufrió alteraciones radicales tras el derrumbe del glaciar del pico Langtang Lirung.
El impacto inicial generó lagunas en cotas altas e impactos secundarios todavía desconocidos sobre los glaciares vecinos. En pocos minutos, sedimentos, bloques de hielo y rocas cayeron de forma abrupta desde los 5.000 hasta los 2.000 metros de altitud, golpeando directamente el valle del río Lhende Khola. La corriente de escombros convirtió el cauce en un mar de lodo espeso, cuyas imágenes circularon en medios de todo el mundo semanas atrás.
El peligro latente del lodo acumulado
Científicos consultados por la Agencia Brasil señalaron que el mayor riesgo inmediato está en el material suelto que dejó el evento previo. El control debe abarcar los bloques residuales de hielo en la zona de ruptura, las pendientes empinadas desestabilizadas por la avalancha, las represas temporales en los cursos de agua y las miles de toneladas de barro esparcidas en el valle, las cuales pueden deslizarse de nuevo ante tormentas intensas.
Sher Muhammad, investigador principal del ICIMOD, explicó que datos preliminares satelitales permitieron reconstruir con exactitud la ruta del desprendimiento. El análisis se sustenta en dos artículos científicos en proceso de revisión por pares.
“La dinámica es similar a la del desastre de Chamoli, ocurrido en 2021 en la porción india del Himalaya. Los estudios de aquel momento mostraron cómo un gran colapso de rocas y glaciar puede transformarse con rapidez en una crecida de impactos devastadores”, afirmó Muhammad.
El investigador aclaró que, antes de establecer una comparación definitiva entre Chamoli y Rasuwa, los equipos técnicos deben validar las mediciones en el terreno. En la comunidad científica, la hipótesis con mayor respaldo es la ruptura de la base física que une la masa de hielo a la roca subyacente.
La mecánica en las pendientes del Himalaya y el antecedente andino
Jefferson Simões, coordinador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de la Criosfera (INCT Criosfera) de Brasil y profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), describió la mecánica de los glaciares de montaña. Explicó que las variaciones climáticas locales aceleran la pérdida de agarre entre el hielo y el lecho rocoso, lo que embalsa bolsas de agua y provoca fracturas estructurales graves.
“Son eventos conocidos, ocurren de tanto en tanto, porque son glaciares en montañas con pendientes muy empinadas”, dijo Simões.
El especialista advirtió que la gravedad de estos episodios se vuelve trágica cuando hay poblaciones asentadas en la trayectoria de las corrientes de detritos, y recordó la tragedia de Yungay, en Perú, donde el colapso de parte del nevado Huascarán sepultó a cerca de 20.000 personas en 1970.
“El Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña de Perú vigila casi 60 glaciares con distintos niveles de riesgo. Los valles de origen glaciar son muy empinados. Cuando se desata una caída, esa mezcla de agua, hielo, lodo y roca baja por la ladera arrasando todo a su paso. La diferencia esta vez es que se filmó”, declaró el docente.
Simões detalló además cómo operan estas rupturas frontales: a medida que la masa de hielo avanza y se derrite, los sedimentos arrastrados forman diques naturales que retienen el agua del deshielo. Si un bloque de roca y hielo cae sobre esa contención, el dique cede y desata una ola de lodo destructiva a lo largo del valle.
En el distrito de Rasuwa, las autoridades nepalíes mantienen un monitoreo permanente durante las 24 horas sobre dos lagunas recién formadas, las cuales estuvieron a punto de desbordar hace aproximadamente una semana.
Clima, prevención y alerta temprana
Organismos multilaterales y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señalan la incidencia de las emisiones de gases de efecto invernadero en el retroceso de los glaciares del planeta. Sin embargo, Simões y Muhammad aclararon que no es posible atribuir el colapso ocurrido en Rasuwa de forma exclusiva al calentamiento global.
“El calentamiento afecta de forma clara el hielo en todo el Himalaya y altera las condiciones generales del territorio. Ese proceso puede comprometer la estabilidad de las montañas al facilitar la infiltración de agua en las grietas del hielo o las rocas. Pese a esto, no podemos sostener que el calentamiento sea la causa directa del derrumbe”, señaló Muhammad.
Para evitar pérdidas de vidas y proteger a las comunidades que viven cerca de los ríos, el investigador del ICIMOD planteó que las medidas indispensables implican ordenar el territorio, evacuar a tiempo a los habitantes e instalar redes integradas de alarma.
“Necesitamos un monitoreo satelital sistemático y continuo sobre glaciares y laderas inestables en toda la región, complementado con una vigilancia más rigurosa en los puntos críticos mediante cámaras, sensores sísmicos, instrumental de campo y estaciones en los ríos. Estas mediciones deben enlazarse de forma directa con los sistemas de alerta temprana”, afirmó Muhammad.
El especialista concluyó que la lección principal del desastre de agosto es contundente: estudiar las laderas, los cursos fluviales y los glaciares por separado ya no tiene sustento técnico. “Tienen que tratarse como un sistema de riesgo conectado”, cerró.



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