Buenos Aires, Argentina – Cien científicos, técnicos y profesionales altamente especializados de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) fueron despedidos por el gobierno de Javier Milei. La decisión encendió las alarmas del sector público argentino y provocó una manifestación masiva el jueves 9 de julio en la sede del Centro Atómico Constituyentes, en Buenos Aires.
Rodolfo Aguiar, secretario general de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), denunció que las cesantías forman parte de un plan sistemático de vaciamiento del sector científico.
“Estos despidos están paralizando áreas estratégicas y poniendo en riesgo todo el desarrollo nuclear de nuestro país. Exigimos la inmediata reintegración de todos los trabajadores. No estamos dispuestos a aceptar un retroceso sin precedentes en el conocimiento estratégico que nuestro país acumuló durante décadas mediante inversión pública.”
Aguiar advirtió que los profesionales despedidos son imposibles de reemplazar: personas capacitadas durante años en un área que exige formación técnica de alto nivel. La ATE convocará a sus órganos directivos para evaluar un plan de acción sostenido contra las cesantías.
La CNEA no es una dependencia menor. Gracias a ella, Argentina integra el selecto grupo de tres países del hemisferio sur —junto con Brasil y Sudáfrica— que generan electricidad de origen nuclear. El organismo domina el ciclo completo del combustible nuclear: desde la prospección y extracción de uranio en territorio argentino hasta la conversión en combustible, el diseño y construcción de reactores con tecnología nacional y la generación de electricidad en plantas propias. También produce radioisótopos para diagnóstico y tratamiento de enfermedades, y forma científicos, ingenieros y técnicos altamente calificados.
Hugo “Cachorro” Godoy, secretario general de la Central de Trabajadores (CTA Autónoma), vinculó la protesta con una disputa más profunda.
“Los trabajadores, la nación y la soberanía son dos caras de la misma moneda. Este gobierno está entregando la patria y busca reprimir a quienes resisten. Pero no lo está logrando. La unidad no es solo un acto defensivo: es una acción ofensiva para construir una nación donde valga la pena vivir.”
Godoy mencionó que la resistencia no se limita al sector nuclear. En la Casa de Santiago del Estero, en Buenos Aires, también hubieron movilizaciones contra despidos del gobierno provincial. En Chaco, las tres centrales sindicales —las dos CTAs y la CGT— junto al Movimiento Campesino, se movilizaron contra las políticas de entrega que atribuyen tanto al gobierno provincial como al nacional.
Rodolfo Kempf, dirigente de ATE y la CTA, científico y trabajador de la CNEA, denunció que los despidos tienen un objetivo político.
“Ayer forzaron la renuncia de uno de los gerentes que justificaba todos los cargos técnicos. Esta medida busca intimidarnos, infundir miedo y frenar nuestras denuncias sobre la entrega del sector nuclear al imperialismo yanqui.”
La paradoja es evidente: el mismo gobierno que repite que Argentina solo produce “dulce de leche y biromes” está desmantelando justamente el sector que demuestra lo contrario. Un país que domina el ciclo nuclear completo no es una colonia científica. Pero los despidos, si se consuman, podrían convertirlo en una.





















