Washington, EE. vMahmoud Ahmadinejad, el expresidente iraní que desafió a Occidente durante ocho años, descubrió en carne propia que la línea entre el poder y la prisión es más delgada de lo que imaginaba. Hoy cumple arresto domiciliario. No fue derrocado por una revolución ni por una invasión. Fue traicionado por su propio riesgo: aceptó trabajar para el Mossad.
La historia fue revelada este lunes por The New York Times, que tuvo acceso a fuentes de los gobiernos de Estados Unidos e Irán con conocimiento directo del plan. Según la investigación, Israel reclutó a Ahmadinejad como agente de inteligencia a partir de 2022. El objetivo: usarlo para acumular información sensible que permitiera derribar al régimen de los ayatolás y, cuando llegara el momento, instalarlo de vuelta en el poder. A cambio, recuperaría la presidencia perdida en 2013.
Los encuentros ocurrían lejos de Teherán. Ahmadinejad viajó a Budapest, donde daba conferencias en una universidad. Allí, lejos de los oficiales de la Guardia Revolucionaria que lo vigilaban, se reunía con agentes israelíes. El Mossad le pagaba sumas de dinero por la información que entregaba. La relación duró años.
El momento crítico llegó el 28 de febrero de 2026, cuando comenzaron los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán. La Fuerza Aérea israelí bombardeó un edificio donde se alojaba el equipo de seguridad de Ahmadinejad. La idea era abrir un corredor para que los comandos del Mossad lo sacaran de allí y lo llevaran a una casa segura en Teherán. Desde allí, sería presentado como el nuevo líder.
Pero Ahmadinejad perdió el coraje.
“Desilusionado con los rumbos del plan, el expresidente desistió de la misión secreta y abandonó el lugar antes de que las fuerzas israelíes pudieran rescatarlo.”
La Guardia Revolucionaria, que ya sospechaba de los movimientos del expresidente, descubrió los contactos con Israel. La respuesta fue inmediata: Ahmadinejad fue puesto bajo custodia del brazo de inteligencia de la Guardia y enviado a prisión domiciliaria. Un portavoz del expresidente fue contactado por el NYT, pero se negó a comentar.
El caso revela hasta dónde llegó Israel en su guerra encubierta contra Irán: reclutar a un expresidente, pagarle durante años, organizar un rescate militar y fracasar en el último suspiro. Ahmadinejad, que alguna vez prometió borrar a Israel del mapa, terminó preso por colaborar con quien decía odiar.





















