América Latina – El oro vuelve a ganar relevancia dentro de las reservas internacionales de varios países de América Latina. Mientras algunos bancos centrales han incrementado sus compras del metal en los últimos años, el caso de Venezuela evidencia el valor estratégico de disponer de reservas que puedan utilizarse en momentos de crisis.
Treinta y una toneladas de oro venezolano permanecen desde hace casi ocho años en las bóvedas del Banco de Inglaterra, en Londres. El metal está valorado actualmente en unos 4.000 millones de dólares.
El caso venezolano muestra las dos caras de las reservas de oro. Por un lado, el metal puede venderse para obtener divisas, utilizarse como garantía y, a diferencia de los bonos o depósitos, no representa una deuda de otro país. Por otro, mantenerlo fuera del territorio nacional puede generar restricciones de acceso cuando existen conflictos políticos o decisiones judiciales.
¿Por qué los bancos centrales compran oro?
Los bancos centrales mantienen reservas internacionales para afrontar pagos externos, intervenir en los mercados financieros y disponer de activos líquidos durante períodos de crisis.
El oro reúne varias características que lo convierten en un activo estratégico: es reconocido internacionalmente, cuenta con un mercado de gran liquidez y permite diversificar reservas concentradas principalmente en monedas y bonos.
“El oro es una reserva de valor y una cobertura frente a la inflación y el riesgo geopolítico.”, explica Gian Maria Milesi-Ferretti, investigador sénior del centro Brookings y exsubdirector del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI).
“Su valor tiende a aumentar en tiempos de crisis.”
Sin embargo, no todos los bancos centrales necesitan mantener la misma cantidad de oro. El metal no genera intereses y su precio puede experimentar importantes fluctuaciones.
Además, un aumento del valor de las reservas de oro no significa necesariamente que un país haya comprado más metal. El incremento de su precio también puede elevar automáticamente el peso del oro dentro de las reservas internacionales.
México es un ejemplo de esta situación. El país realizó una importante compra de oro en 2011 y desde 2012 mantiene prácticamente estable el volumen de sus reservas.
Brasil encabeza las reservas de oro de América Latina
Según los últimos datos recopilados por el World Gold Council (WGC), Brasil ocupa actualmente el primer lugar de América Latina en reservas de oro, con unas 172 toneladas.
Venezuela aparece en segundo lugar, con 161 toneladas según su último dato oficial disponible. Le siguen México, con unas 120 toneladas; Argentina, con cerca de 62; Perú, con 35; y Ecuador, con aproximadamente 26 toneladas.
Bolivia posee alrededor de 23 toneladas y Guatemala unas 16. Más atrás aparecen Chile y Paraguay, con alrededor de ocho toneladas cada uno, mientras Colombia mantiene menos de cinco toneladas.
Los datos del WGC se basan principalmente en las estadísticas del FMI y en la información proporcionada por los propios bancos centrales. Las diferencias entre los países latinoamericanos no responden a una única explicación.
“No creo que haya una explicación obvia.”, señala Milesi-Ferretti.
El economista considera que parte de la diferencia responde a un proceso histórico, debido a que algunos países ya contaban con importantes reservas de oro mientras que otros comenzaron a acumularlas en determinados períodos. Brasil, por ejemplo, aumentó sus compras después de la pandemia. La inflación y las expectativas de una valorización del metal pudieron contribuir a esa decisión.
América Latina aún está lejos de los grandes tenedores mundiales
Aunque algunos países de la región han vuelto a comprar oro, sus reservas siguen estando muy por debajo de las de los principales tenedores mundiales. Estados Unidos conserva más de 8.000 toneladas. Alemania, Italia y Francia también mantienen importantes reservas acumuladas históricamente. China posee unas 2.330 toneladas, mientras Rusia cuenta con alrededor de 2.290 toneladas.
Según Milesi-Ferretti, las economías desarrolladas continúan dominando la clasificación debido a que acumularon grandes cantidades de oro durante el período en que el metal desempeñaba un papel central en el sistema monetario internacional.
El comportamiento de las últimas décadas, sin embargo, muestra un cambio.
“Desde 2000, prácticamente todas las compras han procedido de mercados emergentes.”
El economista agrega que
“claramente existe una tendencia de los bancos centrales a comprar más oro, pero está concentrada en las economías emergentes.”
La tendencia se aceleró durante los últimos años. Según el WGC, los bancos centrales compraron en promedio unas 1.000 toneladas anuales durante los últimos cuatro años, frente a unas 500 toneladas anuales durante la década anterior.
Después de un primer trimestre débil en 2026, las compras netas mundiales alcanzaron 289 toneladas durante el segundo trimestre.
Polonia encabezó las compras declaradas en 2026, con 82 toneladas hasta junio. Le siguieron Uzbekistán, con 41 toneladas; China, con 40; y Kazajistán, con 27.
Turquía y Rusia, en cambio, vendieron parte de sus reservas durante este año.
Chile, Guatemala, Bolivia y Uruguay aumentan sus reservas
América Latina comienza a participar de manera más visible en este movimiento internacional. Durante 2026, Chile incorporó unas ocho toneladas de oro a sus reservas, mientras Guatemala sumó dos toneladas. Bolivia y Uruguay agregaron alrededor de una tonelada cada uno.
El WGC considera, sin embargo, que todavía es prematuro hablar de una tendencia regional consolidada.
Brasil ya había incrementado considerablemente sus reservas en períodos anteriores. Para Milesi-Ferretti, las compras realizadas por los bancos centrales responden a diferentes factores y no existe una única explicación para el fenómeno.
“La incertidumbre geopolítica claramente desempeña un papel. También la diversificación frente al dólar y otras monedas de reserva y, ciertamente, la preocupación por las sanciones.”
Las motivaciones, no obstante, varían considerablemente de un país a otro.
La encuesta de 2026 del WGC apunta a que la tendencia podría mantenerse. El 89% de los gestores de reservas consultados espera que las tenencias mundiales de oro de los bancos centrales aumenten durante los próximos 12 meses, mientras que el 45% prevé incrementar las reservas de oro de su propia institución.
Entre los principales motivos aparecen el comportamiento del oro durante las crisis, su capacidad para conservar valor a largo plazo y su utilidad para diversificar las reservas internacionales.
Londres concentra una parte de las reservas mundiales
Tener reservas de oro no significa necesariamente que los lingotes se encuentren dentro del territorio del país propietario.
Londres se ha consolidado durante décadas como uno de los principales centros internacionales de custodia y negociación del metal. El Banco de Inglaterra almacena unas 400.000 barras pertenecientes al Gobierno británico, otros Estados, bancos centrales e instituciones financieras.
La razón principal está relacionada con la facilidad para negociar el oro.
“La cuestión de la ubicación tiene que ver con la facilidad para negociar el oro.”, explica Milesi-Ferretti.
Cuando un banco central necesita vender rápidamente parte de sus reservas,
“es más conveniente tenerlo en un gran centro financiero como Londres o Nueva York”, señala el economista.
El Banco de Inglaterra también permite transferir la propiedad de barras concretas entre sus clientes sin necesidad de trasladarlas físicamente dentro de las bóvedas. Sin embargo, la guerra en Ucrania, las sanciones internacionales y casos como el de Venezuela han puesto el foco sobre los riesgos de mantener reservas en el extranjero.
Milesi-Ferretti señala que existe evidencia de países que están repatriando parte de sus reservas debido a
“la preocupación de que puedan ser congeladas o incautadas”.
Los datos disponibles sobre este proceso son incompletos, aunque los volúmenes de oro mantenidos en algunos de los principales centros financieros internacionales han disminuido. El caso venezolano resume las dos caras de una reserva de oro: 31 toneladas almacenadas en uno de los mercados más líquidos del mundo y, al mismo tiempo, fuera del alcance de su propietario durante años.
La importancia estratégica del oro, por tanto, no depende únicamente de cuánto metal posee un país, sino también de su capacidad efectiva para disponer de esas reservas cuando las necesita.



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