El trabajo precario se expande y redefine el empleo en Argentina

El trabajo precario se expande y redefine el empleo en Argentina

Un informe del CETyD revela que el aumento de la ocupación responde al crecimiento del trabajo informal mientras continúan desapareciendo puestos registrados.

La informalidad avanza en toda Argentina. Foto: Difusión.
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Buenos Aires (Argentina) — El mercado laboral argentino atraviesa una transformación que va más allá de las cifras de empleo. Aunque la cantidad de personas ocupadas continúa aumentando, ese crecimiento ya no responde a la creación de puestos de trabajo de mayor calidad, sino a la expansión de la informalidad. En otras palabras, cada vez más argentinos logran obtener algún ingreso, pero lo hacen en condiciones marcadas por la inestabilidad, los bajos salarios y la ausencia de protección social.

El diagnóstico surge de un informe del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD), que identifica un cambio estructural en la dinámica del empleo. La reorganización económica impulsada por el gobierno de Javier Milei no está generando una transición hacia actividades de mayor productividad. Por el contrario, el trabajo registrado pierde espacio frente a ocupaciones de subsistencia y formas de inserción laboral cada vez más precarias.

Entre comienzos de 2025 y el primer trimestre de 2026 desaparecieron 196 mil puestos asalariados registrados y otros 46 mil trabajadores independientes formalizados dejaron de integrar el sistema. Durante el mismo período, la cantidad de asalariados informales aumentó en 274 mil personas, mientras que los trabajadores independientes sin registro crecieron en 360 mil.

Como consecuencia, la informalidad pasó a representar el 44,2 % de la población ocupada. Al mismo tiempo, la tasa de participación laboral permanece en niveles elevados porque un número cada vez mayor de integrantes de los hogares sale a buscar ingresos adicionales para compensar la pérdida del poder adquisitivo provocada por la inflación y la desaceleración económica.

La precarización deja de ser un fenómeno urbano

El avance del trabajo informal ya no se limita a las grandes áreas metropolitanas. Los datos del CETyD muestran que el deterioro alcanza a buena parte del territorio argentino y adquiere un marcado carácter federal.

En dos de cada tres provincias aumentó la cantidad de personas desempleadas o refugiadas en las llamadas ocupaciones de refugio, empleos de baja productividad que ofrecen escasa estabilidad y reducida protección laboral.

Santa Cruz, Formosa y Chaco sintetizan este proceso. Las tres provincias figuran entre las que registraron las mayores pérdidas de empleo privado registrado y, al mismo tiempo, algunos de los incrementos más pronunciados del desempleo y la informalidad.

En Santa Cruz, la caída está asociada al retroceso de la construcción y a la desaceleración de la actividad hidrocarburífera en la Cuenca del Golfo San Jorge. En Formosa y Chaco, la crisis de la construcción aparece como uno de los principales factores detrás de la reducción del empleo formal.

La misma tendencia también se observa en Santa Fe, uno de los principales polos industriales del país, además de La Pampa, Corrientes, Misiones, Catamarca y La Rioja. En todas ellas, el crecimiento de las ocupaciones precarias confirma que el debilitamiento del mercado laboral dejó de ser un problema localizado para convertirse en una realidad extendida en gran parte de Argentina.

El sector energético marca la excepción

Neuquén y Río Negro continúan mostrando un desempeño diferente. Favorecidas por las inversiones vinculadas a Vaca Muerta y al desarrollo energético, ambas provincias mantienen mejores niveles de creación de empleo registrado que el resto del país.

Sin embargo, el propio CETyD advierte que esos polos de crecimiento permanecen territorialmente concentrados y no poseen capacidad suficiente para compensar la pérdida de puestos de trabajo que afecta a gran parte de la economía argentina.

La evolución confirma una tendencia observada desde hace varios años. Entre 2023 y 2025, 318 de los 498 departamentos argentinos destruyeron empleo privado registrado. Solamente Neuquén y Río Negro lograron ampliar de manera sostenida la cantidad de trabajadores formales.

Aunque el Área Metropolitana de Buenos Aires concentra la mayor pérdida en términos absolutos, las caídas relativas fueron todavía más profundas en numerosas provincias del interior, donde la menor diversificación productiva amplificó los efectos de la recesión.

La recuperación económica no alcanza al empleo de calidad

El deterioro del mercado laboral acompaña una recuperación económica que continúa mostrando profundas desigualdades entre los distintos sectores productivos. Después del repunte registrado en marzo, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), elaborado por el Indec, volvió a registrar una caída en abril, reflejando que la recuperación sigue siendo inestable y todavía no logra consolidar un ciclo sostenido de crecimiento.

Al mismo tiempo, el empleo privado registrado retomó su tendencia descendente y el número de empresas activas continuó reduciéndose, una señal de que la reactivación observada en algunos indicadores aún no se traduce en una mayor capacidad de generar trabajo formal.

Las diferencias también son evidentes entre las actividades económicas. Mientras sectores vinculados al agronegocio, la minería, el petróleo y algunos servicios especializados incorporaron trabajadores registrados, la industria perdió empleo en todos sus rubros, el comercio acumuló diez meses consecutivos de destrucción de puestos formales y la construcción permaneció prácticamente estancada.

Este patrón favorece actividades intensivas en recursos naturales y concentradas en regiones específicas del país, pero resulta insuficiente para absorber la mano de obra desplazada por sectores que históricamente explicaron buena parte del empleo urbano argentino.

Mucho más que un problema de estadísticas

El informe del CETyD muestra que la principal transformación del mercado laboral argentino ya no pasa únicamente por la cantidad de personas ocupadas, sino por la calidad del trabajo disponible.

La expansión de la informalidad reduce los aportes al sistema previsional, incrementa la vulnerabilidad económica de millones de familias y limita el acceso a derechos laborales básicos, como vacaciones pagadas, licencias, cobertura social y jubilación. Al mismo tiempo, obliga a numerosos hogares a depender de múltiples fuentes de ingreso para sostener su nivel de consumo.

Más que una consecuencia coyuntural, la precarización refleja un cambio estructural en el funcionamiento de la economía argentina. El crecimiento de ocupaciones de baja productividad, combinado con la pérdida de empleo registrado, amplía las desigualdades regionales y reduce la capacidad del país para construir un mercado laboral más estable e inclusivo.

En ese contexto, el aumento de la ocupación deja de ser un indicador suficiente para evaluar la salud de la economía. El desafío ya no consiste solamente en crear más puestos de trabajo, sino en generar empleo con estabilidad, derechos y capacidad de sostener ingresos dignos. Sin esa transformación, el crecimiento de la ocupación seguirá reflejando, más que una recuperación económica, la necesidad de millones de argentinos de adaptarse a un escenario cada vez más marcado por la precariedad laboral.


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