Ciudad del México, MEX – En menos de una semana, México fue escenario de dos episodios que reflejan el nuevo clima de tensión política en América Latina. El 26 de julio, el presidente argentino Javier Milei acusó a los gobiernos de México y Brasil de financiar una supuesta campaña contra Argentina en redes sociales durante el Mundial 2026, sin presentar pruebas que respaldaran sus afirmaciones. La declaración ocurrió durante una gira internacional en la que también lanzó críticas contra el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
Un día después, el presidente estadounidense Donald Trump generó otra controversia al burlarse públicamente de la pronunciación del nombre de México por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum durante un acto realizado en una planta de General Motors en Michigan.
Aunque ambos episodios no derivaron en una crisis diplomática formal, especialistas consideran que reflejan una transformación en las relaciones políticas del continente, marcada por discursos más confrontativos, liderazgos personalistas y una menor presencia de los códigos tradicionales de la diplomacia.
México, históricamente reconocido por una política exterior basada en la cautela, la soberanía y el principio de no intervención, enfrenta ahora un escenario más complejo debido al cambio del panorama político regional.
México reafirma la política de no intervención
Ante las críticas de Javier Milei, Claudia Sheinbaum respondió defendiendo uno de los principios históricos de la política exterior mexicana: la no intervención en los asuntos internos de otros países.
La historiadora Gema Kloppe-Santamaría, profesora asociada de la Universidad George Washington, explicó que esta postura está vinculada con la Doctrina Estrada, establecida en 1930, que sostiene la autodeterminación de los pueblos y el rechazo a las intervenciones extranjeras.
Sin embargo, diversos sectores políticos de América Latina cuestionan actualmente la percepción de neutralidad de México. Entre los factores señalados están el impacto regional de los grupos del narcotráfico mexicanos y la posición del Gobierno de Sheinbaum frente a países como Cuba y Nicaragua.
“No son nuevas las presiones de Estados Unidos sobre la política de seguridad en México y en el continente. Pero lo nuevo es que otros países en América Latina nos están viendo como epicentro de esa amenaza”, afirmó Gabriela de la Paz, profesora-investigadora del Tecnológico de Monterrey.
Según la especialista, esta percepción también existe en Washington, donde México quedó fuera del denominado Escudo de las Américas, una estrategia impulsada por Donald Trump para fortalecer la cooperación regional contra el crimen organizado y la influencia de China.
“Quedamos como principal amenaza para Estados Unidos”, señaló De la Paz.
El debate por el respaldo a Cuba y Nicaragua
Uno de los principales puntos de discusión dentro de la política exterior mexicana es la relación con Cuba y Nicaragua, gobiernos cuestionados por distintos sectores internacionales debido a sus prácticas políticas.
Para Gabriela de la Paz, mantener el respaldo diplomático a ambos países representa un costo para México en el actual escenario regional.
“No es inteligente seguir apoyando a Cuba y Nicaragua; nos expone más ante Trump, pero es una cuestión ideológica”, explicó.
La investigadora considera que esta posición también responde a sectores internos vinculados históricamente con la izquierda mexicana y con espacios académicos que han mantenido cercanía política con esos gobiernos.
Por su parte, Kloppe-Santamaría relacionó esta postura con la tradición diplomática mexicana durante la Guerra Fría.
“En la Guerra Fría, México siempre actuó como país neutral, como una bisagra entre Estados Unidos y gobiernos de izquierda como Cuba”, afirmó la historiadora.
Según su análisis, esa política permitió a México proyectar una imagen progresista en América Latina mientras mantenía canales de cooperación con Washington.
Cuestionamientos al servicio exterior mexicano
Más allá del debate ideológico, Gabriela de la Paz identifica un problema estructural relacionado con el debilitamiento del servicio exterior profesional mexicano.
La especialista señala que el país ha reducido la preparación de sus cuadros diplomáticos y que instituciones históricas de formación, como el Instituto Matías Romero, han perdido parte de su enfoque técnico.
A su juicio, esta situación ha generado mayores exigencias para los diplomáticos de carrera, mientras algunas embajadas han incorporado perfiles vinculados a partidos políticos en lugar de funcionarios especializados en relaciones internacionales.
Las expertas también señalan que algunas decisiones recientes de la política exterior mexicana han generado tensiones con otros gobiernos latinoamericanos. Entre ellas mencionan el respaldo al Gobierno de Pedro Castillo en Perú tras su intento de autogolpe, una postura que contribuyó al distanciamiento con países como Ecuador y Perú.
México frente al nuevo mapa político latinoamericano
El escenario actual coloca a la diplomacia mexicana ante dos presiones simultáneas. Por un lado, Estados Unidos exige mayor cooperación en temas de seguridad, migración y comercio. Por otro, sectores internos defienden una política exterior cercana a gobiernos latinoamericanos de izquierda como Cuba y Nicaragua.
Kloppe-Santamaría considera que el avance de gobiernos de derecha en América Latina no representa necesariamente una amenaza directa para México.
“Trump no necesita de Milei ni de Bukele para hacerle pinza a México”, explicó la historiadora, al señalar que Washington cuenta con mecanismos propios de presión.
Sin embargo, advierte sobre la articulación de sectores de la nueva derecha regional con figuras como Javier Milei, Flávio Bolsonaro y Nayib Bukele, aunque considera que esta corriente todavía mantiene una presencia limitada dentro del escenario político mexicano.
Para Gabriela de la Paz, una posible salida pasa por recuperar el carácter profesional del servicio exterior.
“Si México mandara a esos países diplomáticos de carrera, gente que sabe cómo expresarse, lo haríamos bien”, afirmó.
La especialista agregó que el Gobierno mexicano debería priorizar funcionarios diplomáticos profesionales en sus embajadas antes que representantes vinculados al partido gobernante.
El desafío para México, según las especialistas, no se limita a responder a las declaraciones de Donald Trump o Javier Milei. La principal tarea será definir si su política exterior seguirá una estrategia de Estado de largo plazo o si continuará marcada por disputas políticas internas.



Deja un comentario