Adidas enfrenta nuevas denuncias por trabajo indígena en México

Adidas enfrenta nuevas denuncias por trabajo indígena en México

Bordadoras de Puebla denuncian baja remuneración y uso de elementos culturales en una colección de la selección mexicana.

Artesanas cuestionan colaboración con Adidas. Foto: Difusión.
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CIUDAD DE MÉXICO — Lo que fue presentado por Adidas como un homenaje a la riqueza cultural de México terminó convertido en el centro de una nueva controversia. Un grupo de artesanas indígenas de la comunidad de Naupan, en el estado de Puebla, denunció haber participado en la elaboración de una colección especial para la selección mexicana de fútbol bajo condiciones que consideran injustas, tanto por la remuneración recibida como por el uso de su patrimonio cultural.

Las denuncias, divulgadas por el medio mexicano Proceso, sostienen que las bordadoras recibieron 36 pesos mexicanos por hora de trabajo, una cifra que consideran desproporcionada frente al valor comercial de las prendas. Las artesanas también afirman que una promesa de cobertura médica para sus familias nunca llegó a concretarse.

El caso vuelve a poner sobre la mesa un debate que atraviesa a numerosos países latinoamericanos: la utilización de conocimientos ancestrales, técnicas artesanales y expresiones culturales indígenas por parte de grandes empresas sin mecanismos claros de reconocimiento, participación ni distribución equitativa de los beneficios económicos.

Las críticas van más allá de la remuneración

Las artesanas sostienen que la controversia no se limita al pago recibido por su trabajo. Según las denunciantes, Adidas utilizó el nombre de la comunidad de Naupan para reforzar el relato de una colección inspirada en las tradiciones mexicanas, aunque varios de los diseños incorporados a las prendas no corresponderían a la iconografía propia de la región ni respetarían las técnicas de bordado transmitidas durante generaciones.

Especialistas consultados por la prensa mexicana también cuestionaron la autenticidad de algunos elementos utilizados en la colección y advirtieron que parte de los motivos gráficos empleados no forman parte del patrimonio cultural de la comunidad.

Para las bordadoras, el problema trasciende la moda. Consideran que conocimientos construidos y preservados colectivamente durante siglos fueron utilizados como un recurso comercial sin la participación efectiva de quienes mantienen viva esa tradición.

Mientras las prendas son comercializadas a precios elevados, la diferencia entre el valor final de los productos y la compensación recibida por las artesanas se ha convertido en uno de los principales ejes de la polémica.

Hasta el momento de la publicación de las denuncias, Adidas no había emitido una respuesta pública sobre este caso. Por su parte, la Secretaría de Cultura de México indicó que solo podrá intervenir formalmente si las artesanas presentan una denuncia ante las autoridades competentes.

Un antecedente que sigue presente

La controversia llega menos de un año después de otro episodio que también colocó a Adidas bajo cuestionamientos relacionados con el patrimonio cultural mexicano.

En 2025, la compañía fue criticada por el lanzamiento del modelo “Oaxaca Slip-On”, desarrollado junto al diseñador estadounidense Willy Chavarría e inspirado en los tradicionales huaraches, un calzado artesanal elaborado desde hace generaciones por comunidades indígenas del estado de Oaxaca.

La iniciativa provocó el rechazo de representantes de la comunidad zapoteca de Villa Hidalgo de Yalálag, así como de autoridades estatales y del Gobierno de México, que cuestionaron el uso de elementos culturales tradicionales sin un proceso de consulta ni acuerdos con las comunidades responsables de preservar ese legado.

La controversia derivó en un pedido público de disculpas por parte de Adidas y abrió un proceso de diálogo con representantes de la comunidad zapoteca. En ese momento, las discusiones no se limitaron al reconocimiento del origen de los diseños, sino que también incluyeron posibles mecanismos de reparación, garantías de no repetición y eventuales compensaciones económicas.

Como respuesta a ese episodio, el Gobierno de México anunció el fortalecimiento de iniciativas destinadas a proteger el patrimonio artesanal del país. Entre ellas se encuentran programas de certificación para productos tradicionales, capacitación para productores y reformas legales orientadas a prevenir el uso indebido de expresiones culturales indígenas con fines comerciales.

Patrimonio vivo, no solo inspiración

Las nuevas denuncias vuelven a poner en evidencia una discusión que trasciende a una sola empresa o a un único país. En distintos territorios de América Latina, comunidades indígenas y organizaciones dedicadas a la defensa del patrimonio cultural advierten sobre el creciente interés de la industria global de la moda por incorporar símbolos, bordados, tejidos y técnicas ancestrales sin que exista un reconocimiento pleno de los derechos colectivos de quienes los han preservado durante generaciones.

Especialistas en patrimonio cultural sostienen que estos conocimientos no pueden entenderse únicamente como recursos estéticos o tendencias comerciales. Constituyen expresiones de identidad, memoria y continuidad histórica, estrechamente vinculadas a la vida comunitaria y a la transmisión intergeneracional de saberes.

El debate también alcanza el ámbito laboral. Organizaciones que trabajan con pueblos originarios defienden que cualquier colaboración entre grandes empresas y comunidades indígenas debe garantizar condiciones de trabajo dignas, remuneraciones acordes con el valor agregado de las piezas, transparencia en los acuerdos y mecanismos que permitan una participación justa en los beneficios derivados de la comercialización.

Más allá de la controversia que hoy enfrenta Adidas, el caso refleja un desafío compartido por América Latina: encontrar formas de proteger el patrimonio cultural de los pueblos originarios sin impedir su difusión, pero evitando que la riqueza cultural de las comunidades termine convertida únicamente en una estrategia de mercadotecnia.

Mientras las autoridades mexicanas evalúan los pasos que seguirán una vez que exista una denuncia formal, la discusión continúa creciendo dentro y fuera del país. Para numerosas comunidades indígenas, el reconocimiento va mucho más allá de una mención en una campaña publicitaria. Significa respetar la autoría colectiva de sus conocimientos, valorar el trabajo artesanal con justicia y garantizar que la preservación de su patrimonio cultural también se traduzca en beneficios para quienes lo mantienen vivo.

En un continente cuya diversidad cultural constituye una de sus mayores riquezas, proteger los saberes ancestrales es también una forma de preservar la memoria, la identidad y la historia de los pueblos que han dado forma a América Latina mucho antes de la llegada de la industria global de la moda.


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