Foz de Iguazú, BR – Las llamadas “tradwives”, abreviatura de traditional wives o “esposas tradicionales”, han ganado presencia en las redes sociales con contenidos que presentan una versión idealizada de la vida doméstica. Panes recién horneados, vestidos floreados, mesas cuidadosamente decoradas y una imagen permanente de felicidad forman parte de una narrativa inspirada en la estética de los años cincuenta.
En algunos de estos contenidos, mujeres muestran su rutina como amas de casa, desde la preparación de alimentos y la limpieza del hogar hasta el cuidado de sus parejas e hijos. “¿Mi mayor aspiración?”, pregunta una influenciadora en uno de sus videos. Luego responde: “Ser ama de casa llena de gozo y paz”.
El fenómeno, sin embargo, ha despertado la atención de especialistas que consideran que el contenido va más allá de la representación de una determinada forma de vida. Según las investigadoras consultadas, algunas de estas publicaciones también reproducen discursos conservadores relacionados con los roles de género, la religión, la inmigración y los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+.
Un modelo inspirado en los años cincuenta
La filósofa y escritora colombiana residente en Ciudad de México Catalina Ruiz-Navarro define el fenómeno como
“una ola de influenciadoras ultraconservadoras que promueve un estilo de vida supuestamente tradicional, inspirado en una fantasía de los años cincuenta, en la que las mujeres no tenían trabajo remunerado y se dedicaban exclusivamente al trabajo doméstico, afectivo y sexual”.
Para Ruiz-Navarro, el mensaje difundido por estos contenidos plantea que la adopción de roles tradicionales permitiría alcanzar estabilidad y bienestar familiar.
“Si asumes un rol de género tradicional y doméstico, vas a tener paz, tranquilidad, un marido que se encargue de ti y amor”, sostiene.
La profesora Sònia Herrera, de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), con sedes internacionales en México y Colombia, advierte que detrás de determinados contenidos puede existir una narrativa política más amplia.
“Tras un supuestamente inocuo regreso a los cuidados basado en una ‘elección libre’, lo que encontramos en los contenidos virtuales de las tradwives son discursos de odio que justifican el sometimiento de las mujeres a los hombres; videos supremacistas y antiinmigración, de fundamentalismo religioso, de negacionismo ante la violencia machista o arengas contra los derechos de la comunidad LGBTIQ+”, explica Herrera.
El fenómeno en América Latina
Aunque el movimiento surgió principalmente en Estados Unidos y Europa, en América Latina adquirió características propias. Ruiz-Navarro señala la expansión de discursos relacionados con la llamada “mujer de valor”, la energía “femenina” y la recuperación de roles domésticos tradicionales.
“Apareció el discurso de la ‘mujer de valor’, de la energía ‘femenina’ y la idea de que las mujeres estaban desreguladas porque se habían alejado de la sumisión y de lo doméstico”, señala Ruiz-Navarro, directora de la publicación feminista Volcánicas.
Las investigadoras Silvana Darré Otero y María Marta Herrera identificaron perfiles vinculados con el fenómeno de las tradwives principalmente en países de Centroamérica y de la región andina.
En su publicación La esposa emprendedora: paradojas neoliberales y guerras culturales en el fenómeno tradwife latinoamericano, las autoras aclaran que en América Latina se trata de un fenómeno “marginal en términos cuantitativos”.
Según las investigadoras, estos contenidos promueven un modelo familiar basado en un único ingreso económico y en una mujer dedicada exclusivamente a las tareas domésticas. Este esquema resulta difícil de sostener para gran parte de las mujeres latinoamericanas debido a las condiciones de pobreza y desigualdad social presentes en la región.
Darré Otero y Herrera también cuestionan la representación idealizada del pasado que aparece en estos contenidos y señalan que el espacio doméstico no está necesariamente exento de relaciones de poder.
“Además de idealizar un pasado que nunca existió, presentan el espacio doméstico como el lugar natural de realización de las mujeres e invisibilizan que ese ámbito también puede estar atravesado por relaciones de poder, desigualdades y violencia”, sostienen.
Las investigadoras consideran además que:
“el fenómeno es muy útil a los movimientos reaccionarios, conservadores y religiosos de nuestra región”.
Redes sociales y reacción conservadora
Para Ruiz-Navarro, las redes sociales son uno de los principales canales utilizados para difundir estas ideas. Dentro de este ecosistema también ubica a la llamada “manósfera”, vinculada con comunidades digitales y discursos dirigidos principalmente a hombres.
La profesora Ana Sofía Cardenal, de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya, relaciona el fenómeno con una reacción política y cultural frente a los avances del feminismo.
“Con el auge de los partidos de extrema derecha asistimos a un backlash, un movimiento péndulo, de respuesta, que defiende todo lo contrario” al movimiento feminista, señala Cardenal.
Ruiz-Navarro sostiene que determinados discursos conservadores han adquirido mayor presencia a partir del avance electoral de fuerzas políticas de derecha y extrema derecha.
“Estos proyectos neofascistas han empezado a llegar al poder y, una vez que lo hicieron, con las redes sociales a su favor, han empezado a quitarles derechos a las mujeres”, afirma.
La especialista menciona como ejemplos a Estados Unidos, Argentina, Ecuador y El Salvador. También considera que el feminismo se ha convertido en uno de los principales objetivos de estos discursos políticos.
El derecho al voto entra en el debate
Entre las expresiones de esta reacción conservadora aparece el cuestionamiento del derecho de las mujeres al voto. Cardenal considera que se trata de un debate que hasta hace pocos años parecía impensable.
“Ahora, en Estados Unidos se ha empezado a hablar de quitarles el voto a las mujeres. En México, eso ya lo venían planteando algunos hombres”, señala.
La investigadora considera que la incorporación de este tipo de propuestas al debate público puede funcionar como una estrategia para evaluar su nivel de aceptación social.
“Lo que están haciendo es tantear si esa idea empieza a normalizarse. Es una estrategia para instalar la discusión y que, cuando existan las mayorías políticas necesarias, pueda convertirse en una realidad”, advierte.
Silvana Darré Otero, investigadora de FLACSO Uruguay, recuerda que el derecho internacional de los derechos humanos se basa en el principio de no regresividad, según el cual los derechos reconocidos no pueden ser eliminados.
“La idea de que las mujeres no voten es equivalente a proponer el retorno de la esclavitud”, afirma.
El fenómeno de las “tradwives” se inserta así en una disputa cultural y política que trasciende las redes sociales. Para las especialistas, la difusión de estos contenidos ocurre en un contexto de cuestionamiento de los avances en materia de derechos de las mujeres y de reacción frente a las transformaciones impulsadas por los movimientos feministas.



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