¿Sabías que una ley protegió al séptimo hijo?

¿Sabías que una ley protegió al séptimo hijo?

En Argentina, una antigua leyenda sobre el lobizón dio origen a una tradición que convirtió al presidente de la República en padrino honorario del séptimo hijo o la séptima hija de una familia.

El lobizón forma parte del patrimonio oral del Río de la Plata. Foto: Reproducción/Internet.
WhatsApp
Telegram
Facebook
Email
LinkedIn

Buenos Aires (Argentina) — Durante generaciones, miles de familias del Río de la Plata crecieron escuchando la misma advertencia: el séptimo hijo varón podía convertirse en lobizón. La creencia, compartida por Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil, forma parte del imaginario popular de la región y combina raíces guaraníes, europeas y criollas que sobrevivieron al paso del tiempo.

Como ocurre con muchas leyendas latinoamericanas, el relato trascendió la tradición oral y terminó influyendo en la vida cotidiana. En numerosas comunidades, el nacimiento de un séptimo hijo despertaba temores, alimentaba supersticiones y, en algunos casos, marcaba el destino de toda una familia.

El lobizón —pariente rioplatense del hombre lobo europeo— era descrito como un ser condenado a transformarse durante las noches de luna llena. Según la versión más difundida, ese destino recaía sobre el séptimo hijo varón; otras variantes atribuían a la séptima hija dones sobrenaturales o presagios relacionados con la desgracia.

Más allá del mito, las consecuencias fueron reales. Diversos relatos históricos recuerdan que algunos niños crecieron bajo el peso del rechazo, la discriminación e incluso el abandono, alimentados por una superstición profundamente arraigada en la cultura popular.

Frente a esa realidad, Argentina terminó dando una respuesta inesperada: convertir al presidente de la Nación en padrino o madrina honoraria del séptimo hijo o de la séptima hija de una misma familia.

Cuando una leyenda llegó al Estado

La historia comenzó en 1907.

Ese año, una familia inmigrante de origen ruso pidió al entonces presidente José Figueroa Alcorta que apadrinara a su séptimo hijo. La solicitud recuperaba una antigua tradición del Imperio ruso, donde el zar asumía simbólicamente el padrinazgo de determinados niños como muestra de protección.

Con el tiempo, aquella costumbre se mezcló con el folclore rioplatense y con la leyenda del lobizón hasta formar parte de la memoria colectiva argentina.

Los historiadores aún debaten cuánto influyó realmente el mito en el nacimiento del padrinazgo presidencial. Sin embargo, para varias generaciones de argentinos, ambas historias quedaron unidas para siempre.

La tradición terminó convirtiéndose en ley en 1974, cuando el Congreso aprobó la Ley Nº 20.843, que institucionalizó el padrinazgo presidencial.

Desde entonces, el presidente de la Nación puede asumir el padrinazgo honorario del séptimo hijo varón o de la séptima hija mujer de una misma familia, siempre que se cumplan los requisitos previstos por la legislación.

La intención nunca fue combatir la leyenda ni borrar una expresión del patrimonio cultural argentino.

El verdadero propósito consistió en quitarle fuerza al estigma que pesaba sobre esos niños y transformar una antigua superstición en un gesto público de reconocimiento, protección simbólica y respaldo educativo.

Una tradición que sobrevivió al tiempo

Más de cien años después de su origen, el padrinazgo presidencial sigue vigente.

La tradición atravesó cambios de gobierno, reformas institucionales y profundas transformaciones sociales sin perder su carácter simbólico. Durante décadas estuvo reservada a familias católicas, pero posteriormente fue ampliada para incluir a niños y niñas pertenecientes a otras confesiones religiosas.

Uno de los casos más recordados ocurrió en 2014, cuando Iair Gabriel Tawil, integrante de una familia judía, fue reconocido como ahijado presidencial. El hecho reflejó cómo una tradición nacida a comienzos del siglo XX pudo adaptarse a una Argentina cada vez más diversa.

Pocas instituciones reúnen de manera tan singular el folclore, la inmigración, la memoria familiar, la diversidad religiosa, la educación y la representación del Estado.

La historia demuestra que las leyes no siempre nacen exclusivamente de debates legislativos o decisiones administrativas. A veces también surgen de creencias, costumbres y relatos que forman parte de la identidad de un pueblo.

En Argentina, la leyenda del lobizón nunca desapareció.

Simplemente encontró otra forma de sobrevivir.

El niño que durante generaciones pudo cargar con el peso de una superstición terminó convertido en ahijado presidencial, transformando uno de los mitos más conocidos del Río de la Plata en una de las tradiciones institucionales más singulares de América Latina.

La serie ¿Sabías que…?, de Fronteira Livre Latinoamericano, rescata historias, leyendas, descubrimientos y episodios poco conocidos que ayudan a comprender cómo la memoria, la cultura y las tradiciones también han dado forma a la historia de nuestro continente.


Deja un comentario

Noticias relacionadas

Síguenos

Lo último

Movida Latam

Ruta Latam

Cambio

Dólar (USD) Carregando...
Peso Argentino Carregando...
Guarani (PYG) Carregando...
Atualização --

Inscreva-se em nossa NEWSLETTER