PEKÍN, CHINA — La carrera global por la innovación médica dio un giro decisivo en los quirófanos de Asia. El sistema de salud chino tomó la delantera frente a la compañía estadounidense Neuralink, del empresario Elon Musk, al concretar el primer implante comercial del chip cerebral NEO en un paciente con parálisis. La cirugía, autorizada por las agencias sanitarias del país en marzo, responde a un plan estatal que fijó la biotecnología como una meta prioritaria de cara a 2027.
Una cirugía que devuelve el movimiento de las manos
Detrás del hito tecnológico hay una historia humana: el beneficiario es un hombre que perdió la movilidad de sus manos hace una década en un accidente de tránsito. Tras la intervención quirúrgica en el cráneo, el paciente comenzó a recuperar el control motor mediante una órtesis metálica que interpreta sus señales neuronales y las transforma en movimientos reales. La evolución clínica avanza sin complicaciones y los médicos confirman que la lectura del cerebro se mantiene estable. Este avance no solo busca devolver autonomía a miles de familias golpeadas por traumas medulares, sino que lleva la disputa geopolítica al terreno concreto de la salud y la calidad de vida.
La apuesta pública frente al modelo estadounidense
El dispositivo NEO, creado por la firma Neuracle Medical Technology, funciona mediante ocho electrodos que captan la actividad eléctrica de las zonas motoras y la traducen en órdenes digitales. A diferencia de las pruebas experimentales de Neuralink en Estados Unidos —que aún esperan luz verde para venderse en el mercado abierto—, el modelo chino ya cuenta con aprobación comercial y planea iniciar la producción en masa para el segundo semestre de 2027. Las versiones futuras prometen ser más pequeñas y capaces de manipular computadoras, teléfonos y prótesis robóticas.
La competencia también roza los acuerdos industriales de los gigantes de la microelectrónica. Mientras la surcoreana Samsung amplía sus alianzas con las empresas de Musk para proveer semiconductores a servidores de inteligencia artificial y robótica, China consolida su propia red de patentes. El uso clínico del implante comercial del chip cerebral NEO marca un precedente sobre cómo las superpotencias buscan dominar la medicina del futuro.



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