América del Sur – Una delegación científica integrada por investigadores de cuatro países amazónicos entregó al papa León XIV documentos que reúnen datos sobre los impactos de la minería ilegal de oro en la Amazonía. El material aborda la destrucción de la selva, la contaminación de ríos y peces y la exposición de comunidades al mercurio, un metal altamente tóxico.
Entre los datos más preocupantes se encuentra la pérdida de 139.169 hectáreas de bosque asociada a la extracción de oro en Perú hasta 2025, según el Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA). Solo entre 2021 y 2024, la Amazonía sur del país perdió 30.846 hectáreas de bosque.
El documento, titulado “Llamamiento a la Santa Sede por la protección de la Amazonía”, fue elaborado con la participación de investigadores de Colombia, Bolivia, Perú y Brasil. Entre los integrantes de la delegación estuvieron Jesús Olivero-Verbel, de la Universidad de Cartagena, en Colombia; Claudia Vega, del CINCIA; y Luis Fernández, cofundador del CINCIA e investigador principal del Andrew Sabin Family Center for Environment and Sustainability, de la Wake Forest University, en Estados Unidos.
En Loreto, región peruana fronteriza con Ecuador, Colombia y Brasil, los investigadores contabilizaron más de 1.500 dragas utilizadas para la minería ilegal desde 2017. La expansión de estas operaciones está relacionada con la pérdida de cobertura forestal y con la contaminación de los territorios amazónicos.
“Es importante visibilizar la importancia de la Amazonía y sus pueblos, y cómo están siendo impactados en la extracción ilegal del oro que destruye el bosque, contamina el territorio y sus poblaciones”, afirmó Claudia Vega.
El mercurio llega a ríos, peces y comunidades
El informe también alerta sobre la dispersión del mercurio generado por la minería de oro. El metal puede encontrarse en el aire como mercurio gaseoso o adherido a partículas suspendidas, como polvo y humo, de acuerdo con los datos reunidos por el CINCIA.
Luis Fernández explicó que existe:
“más de una década de evidencia que muestra que el mercurio asociado a la minería de oro en la Amazonía peruana no se queda en la mina”.
Según el investigador, el metal llega a los ríos, los peces y la fauna y, finalmente, a las personas, incluidas algunas de las comunidades indígenas más vulnerables de la Amazonía.
En Madre de Dios, una de las regiones más afectadas por la minería de oro, se estima que alrededor de 180 toneladas de mercurio son liberadas cada año. La exposición también ha sido registrada en comunidades de Loreto. Una investigación realizada en 2024 en las cuencas de los ríos Nanay-Pintuyacu y Bajo Putumayo evaluó a 439 personas y encontró que el 97% superaba el límite considerado seguro para la exposición al mercurio.
El CINCIA explica que el mercurio gaseoso predomina en la atmósfera y puede permanecer allí durante varios meses. Durante ese período puede desplazarse a grandes distancias antes de depositarse sobre la vegetación, el suelo y los cuerpos de agua.
La demanda de oro también crece
Los investigadores relacionan parte de la presión sobre los territorios amazónicos con el aumento de la demanda mundial de oro. Según el CINCIA, en 2025 la demanda mundial total del metal, incluidas las operaciones realizadas en el mercado extrabursátil (OTC), superó por primera vez las 5.000 toneladas.
Los científicos advierten que los impactos de la minería no terminan cuando finaliza la extracción. La destrucción ambiental y los efectos sobre la salud pueden permanecer durante años en las zonas donde se desarrollaron las operaciones.
El informe también busca mantener la situación de la Amazonía y de sus pueblos en el debate público. Luis Fernández expresó su expectativa de que la próxima visita del papa León XIV a Perú, prevista entre el 11 y el 16 de noviembre e incluida una parada en la ciudad amazónica de Pucallpa, contribuya a mantener visible lo que ocurre en la región.
Según el investigador, la visita puede ayudar a visibilizar la situación de los pueblos indígenas y de las comunidades locales afectadas por la minería de oro.
Los datos reunidos en el documento entregado a la Santa Sede muestran que la minería ilegal de oro implica no solo la pérdida de cobertura forestal, sino también la contaminación de territorios, ríos y cadenas alimentarias de las que dependen comunidades indígenas y locales de la Amazonía.



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