Español Português
AHORA

Los domingos que despertaron la pasión de Jorge Sanjinés por el cine

A los 17 años, el cineasta boliviano tuvo contacto en Lima con obras del neorrealismo italiano, una experiencia que influyó en su decisión de dedicarse al cine

La Paz, BOL – A los 17 años, Jorge Sanjinés vivió en Lima, Perú, una experiencia que considera decisiva para su trayectoria cinematográfica. Los domingos por la tarde, acompañado por Walter Villagómez, amigo de su padre, Genaro, el joven cineasta asistía a proyecciones que ampliaron su comprensión sobre las posibilidades del lenguaje cinematográfico.

Entre las obras que Villagómez le presentó estaban Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, y Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini, dos de las principales películas del neorrealismo italiano. La experiencia tuvo lugar en 1958 y, según Sanjinés, le mostró que era posible hacer cine fuera de los grandes estudios y sin actores conocidos.

“Walter Villagómez era un gran conocedor del cine y tenía conocimientos impresionantes. Por ejemplo, me llevó a ver Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, y Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini. Eran consideradas dos grandes exponentes del neorrealismo italiano. En esa experiencia, escuchando las opiniones de Don Walter, me di cuenta de que se podía hacer cine sin actores famosos, en las calles y en el campo. Realmente creo que esa experiencia abrió las puertas de mi interés por ser cineasta.”

El episodio fue recordado por Sanjinés durante un homenaje realizado en la Cinemateca Boliviana, pocos días antes de su cumpleaños número 90, celebrado el 31 de julio. El cineasta compartió distintos pasajes de su trayectoria ante un auditorio lleno.

Exilio y los primeros contactos con el cine

Sanjinés también relató las circunstancias que llevaron a su familia a dejar la capital peruana. En aquel período, su padre enfrentaba problemas cardíacos y el propio cineasta había sido diagnosticado con progeria, una rara enfermedad genética.

“Caí enfermo de progeria y pude escuchar, desde el dormitorio, lo que el médico le dijo a mi padre en el pasillo: ‘Tenga fortaleza, señor, su hijo no pasará de esta noche’. Cuando mi padre entró a la habitación con los ojos llorosos, le dije: no te preocupes, papá, escuché la opinión pesimista del médico. Yo no voy a morir esta noche. Lo que tenemos que hacer es irnos a vivir a Arequipa, que tiene un clima seco como el de La Paz y sin humedad.”

Durante su permanencia en Lima, el joven Sanjinés trabajó vendiendo billetes de lotería y como obrero en una fábrica. El objetivo era ayudar a su padre a comprar los medicamentos necesarios para su tratamiento cardíaco.

Genaro había dejado Bolivia después de acoger en su propia casa a dos amigos de extrema derecha que se oponían a las profundas reformas sociales impulsadas durante la década de 1950 por las organizaciones sociales junto con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

Según Sanjinés, el episodio estaba marcado por una contradicción: aunque su padre apoyaba las reformas, también decidió ayudar a sus antiguos amigos de infancia.

“Paradójicamente, mi padre apoyaba esas reformas, pero también se vio obligado a ayudar a sus amigos de la infancia. Bolivia estaba pasando de ser un país latifundista a uno más democrático.”

El exilio también permitió que Sanjinés volviera a encontrarse con Walter Villagómez, quien se encontraba en Lima por las mismas razones.

“A veces en la vida, una situación que se presenta como mala no lo es del todo. Yo acompañaba a mi padre en el exilio y Walter Villagómez también estaba en Lima por las mismas razones. ¿Quién diría que ese viaje obligado cambiaría mi vida?”

Además del contacto con el cine, su permanencia en Perú también contribuyó a la formación política e intelectual del futuro cineasta. Ya en Arequipa, Sanjinés conoció a dos jóvenes que, según relató, estaban muy familiarizados con la literatura revolucionaria. A través de ellos tuvo contacto con Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicado por José Carlos Mariátegui en 1928.

La obra se convirtió en una referencia para su formación y, de acuerdo con el cineasta, contribuyó a incorporar a su pensamiento el respeto por las culturas originarias, un aspecto que posteriormente se convertiría en uno de los ejes centrales de su producción cinematográfica.

El cine y la experiencia con una comunidad aymara

Al regresar a Bolivia, Sanjinés no encontró una institución donde pudiera estudiar cinematografía. Por ello, ingresó a la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz.

Posteriormente, se enteró de que en la ciudad de Concepción, Chile, se dictaría un curso de cinematografía de tres meses de duración. Participó en la formación y tuvo contacto con diferentes profesionales vinculados al cine, entre ellos el arquitecto boliviano Lisímaco Gutiérrez, reconocido por sus amplios conocimientos sobre el séptimo arte.

Durante el curso, Sanjinés ganó un concurso para realizar el cortometraje El Poroto. La producción contaba la historia de un niño pobre que había perdido a su madre y que intentaba burlar la vigilancia de un parque para tomar flores destinadas a su tumba.

La música, interpretada con guitarra, estuvo a cargo de Violeta Parra, quien, según Sanjinés, todavía no tenía la proyección que alcanzaría posteriormente. Sin embargo, la película se perdió después de que el material quedara bajo responsabilidad de Lisímaco Gutiérrez, quien años más tarde fue asesinado durante la dictadura de Hugo Banzer.

Otra experiencia decisiva tuvo lugar durante la permanencia de Sanjinés durante varias semanas en una comunidad aymara. El contacto le permitió observar directamente características de la organización colectiva sobre las que había leído en Mariátegui.

“Me di cuenta de la extraordinaria fraternidad en la que vivían. El llamado jilata, o jefe de la comunidad, no daba órdenes a nadie. Todos pensaban que primero estábamos nosotros y después el yo.”

Estas experiencias contribuyeron a la formación del pensamiento cinematográfico de Sanjinés y precedieron una carrera marcada por la producción de películas sobre la realidad social y política de Bolivia.

Entre 1966 y 2020, el cineasta realizó 12 largometrajes, además de diversos cortometrajes. Entre sus primeras obras se encuentra El Poroto, de 1957, y posteriormente Aysa, de 1965. Sanjinés también produjo guiones, textos y libros a lo largo de su trayectoria.

En 1989, recibió la Palma de Oro del Festival de San Sebastián por la película La Nación Clandestina, una de las principales obras de su trayectoria y del cine latinoamericano.

Durante el homenaje realizado en la Cinemateca Boliviana, sin embargo, Sanjinés no centró su relato en los premios, festivales o películas que marcaron su carrera. En cambio, volvió a los recuerdos de los domingos en Lima, cuando, a los 17 años, asistía a las proyecciones acompañado por el amigo de su padre.

Fue durante ese período, frente a una pantalla de cine y bajo la orientación de un hombre que no pertenecía a su familia, pero que se preocupaba por él, cuando Sanjinés identificó una posibilidad que acompañaría toda su trayectoria: convertir a las calles, el campo y a las poblaciones marginadas en protagonistas del cine.

Steve Rodríguez

Steve Rodríguez es reportero de Fronteira Livre, investigador y doctorando en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA). Posee una formación interdisciplinaria en narrativa audiovisual, estudios culturales latinoamericanos y prácticas pedagógicas anticoloniales. Su trayectoria articula la creación artística en ámbitos como el teatro, el cine y la cultura visual con la reflexión crítica y la investigación académica, desde una perspectiva inspirada en los estudios visuales desarrollados por Nicholas Mirzoeff.

Receba notícias no WhatsApp do Fronteira LivreReceba notícias no WhatsApp do Fronteira Livre

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *