La resistencia al derecho de mirar la verdad histórica

La resistencia al derecho de mirar la verdad histórica

Sector de Puerto Resistencia en Cali, Colombia. Foto: Isabel Rodríguez.
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Por Steve Rodríguez

Para Nicholas Mirzoeff (2016) el derecho a mirar implica defender el derecho que tenemos a lo real, en concreto, es reivindicar una subjetividad política con sentido de colectividad. En este sentido, a un año de finalizar el mandato de Gustavo Petro, el primer presidente progesista en Colombia, un buen número de colombianas y colombianos se han detenido para preguntarse qué ha sucedido realmente con la promesa de cambio estructural que prometió el gobierno progresista; pero, ahora, en la primera semana del mes de junio tras una oleada de atentados terroristas con motos y carros bombas en diferentes ciudades del país, intentos de asesinatos a precandidatos presidenciales y una masiva y absurda desinformación en los medios de comunicación, el presidente ha comenzado a llamar a su último año de campaña la resistencia del derecho a la  verdad histórica.

Esto es un llamado a la memoria archivo para que el pueblo se atreva a desechar las miasmas del conflicto armado que tanta muerte y dolor han provocado. Para Gustavo Petro es imperativo el intento de cambiar el rumbo de la historia colombiana que se ha sido contada a través de una sola narrativa, que involucra miles de muertes de trabajadores, campesinos, mujeres, niños, indígenas y comunidades afrocolombianas “dibujados en esas páginas de cien años de soledad, porque ahí comenzó cien años de soledad, sólo que ya vamos para doscientos años de soledad” expresó Petro en su última alocución presidencial que hizo desde la ciudad de Cali el pasado 11 de junio. Desde esta perspectiva, lo que solicita el mandatario es la oportunidad para reconstruir de manera coherente los modos y las formas de gobernar en Colombia, es decir, la palabra reformas aparece aquí como una sinécdoque de progreso social y cultural, si es preferible verlo como una innovación armónica de la estructura del estado (en pro no solamente de unos privilegiados, sino en favor de las grandes mayorías que la reclaman).

Ahora bien, en tal suerte del presente contexto político de extrema polarización, la resistencia del pueblo que Petro menciona puede ser traducida como un llamado al consenso para que las elites políticas colombianas de derecha no se sientan atemorizadas. Las reformas propuestas por el gobierno en ningún estadio pueden ser entendidas como cambios políticos que pretenden necesariamente destruir las instituciones, el derecho a la verdad histórica que reclama la resistencia es un estudio al reconocimiento histórico de las inequidades culturales, injusticias sociales y ambientales producidas sobre el territorio colombiano. Las Preto – reformas, llamadas así por muchos medios amarillistas a la intención de una organización analítica del estado para actos más justos y eficaces, son en verdad en las palabras del presidente un olvido de la Revolución en Marcha que inició en la década del treinta con el expresidente Alfonso López Pumarejo, y que se trató de nada más que un periodo de reformas liberales que tenían como visión un país moderno con un estado social de derecho sólido.

La búsqueda de la democracia en Colombia, pero también en las Américas como diría Libia Grueso (1997) “Es una procura por el proceso organizativo de las comunidades excluidas históricas del proyecto de estado nación”. Entonces, no es gratis que el presidente Preto llame a una consulta popular (pedir al pueblo para que opine sobre un asunto importante para el estado), que además esta democrática y constitucionalmente permitido; cuando ve que su propuesta de reformas en el ámbito de lo político, laboral, salud y educación están siendo trastornadas por sus opositores; en efecto esto no tendría por qué ser así, si entendemos que la demanda cuenta con el consentimiento factible del pueblo. Por eso, es claro que Petro no gobierna para él, ¡aquí no cabe la palabra dictadura! El mandatario siempre ha defendido su posición como demócrata, expresando inclusive que hasta libertario es, pero no como los de Javier Milei actual presidente de Argentina, sino como los de Buenaventura Durruti.

Lo cierto es que a pesar de que los gobernados se muestran partidarios del gobierno, no ha parado de florecer la polarización y los discurso fakecraticos que tanta violencia producen en Colombia, sobre quien es el bueno o el mano, quién aniquila y quién es aniquilado y lideres políticos manipulando cualquier acontecimiento social para hacer de las diferencias políticas un camino turbio. Los opositores de las elites derechistas del gobierno del presidente Petro, muchos de ellos sin argumentos políticos respetables, con una intención arbitraria y en gran medida hostil, conducen a las comunidades y poblaciones dentro y fuera del país hacia un accionar egoísta y colérico, donde solo existe una sola suma positiva. Esta actitud caprichosa es la que agudiza los antagonismos, una mirada de la verdad histórica cerrada que solo impulsa el peligro de adentrarse en una avenida en la cual todos pierden, cuya demostración extrema conocen perfectamente los colombianos, la guerra.

Finalmente, lo que ha podido sentir el pueblo es que los opositores a las reformas dueños del poder en Colombia han intentado obstaculizar de todas las formas posibles los momentos de esperanza de un cambio, de ahí que las bases de los movientes sociales y populares ya han identificado claramente contra quien manifestarse. El llamado al perdón, al dialogo y al consenso por parte de Gustavo Petro tiene como objetivo un actuar pacífico, aunque muchos lo tilden de benevolente y pasivo con los grupos armado, quizás porque en su inmensa ignominia los políticos más radicales contra Petro no entendieron su propuesta transformación de un régimen de muerta, por uno de vida.

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Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la línea editorial de Frontera Livre Latinoamericana. El medio se rige por los principios del pluralismo, la independencia periodística, el pensamiento crítico y el respeto a los derechos humanos.

Referencias

Mirzoeff, N. (2016). O direito a olhar. ETD – Educação Temática Digital, 18(4), 745–768. https://doi.org/10.20396/etd.v18i4.8646472


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