Belgrado, Serbia – La victoria de la opositora Lista de Estudiantes en las elecciones anticipadas del domingo puso fin a 12 años de dominio del presidente conservador y nacionalista Aleksandar Vučić. El resultado transforma la política del país y abre un período de alta expectativa democrática y profundos desafíos para reconstruir las instituciones públicas.
Con el escrutinio casi finalizado, la candidatura creada por universitarios alcanzó el 52% de los votos, frente al 39% obtenido por el oficialista Partido Progresista Serbio (SNS). El desempeño en las urnas le asegura al movimiento 141 de las 250 bancas del Parlamento.
La participación electoral llegó al 69%, una cifra cercana al récord del año 2000, cuando la movilización popular derrocó al régimen autoritario de Slobodan Milošević, de quien Vučić fue ministro. Desde la caída de Milošević, ninguna fuerza política había logrado convocar al electorado en esa proporción.
Ninguno de los jóvenes que idearon la iniciativa ocupará los escaños parlamentarios obtenidos. La bancada estará integrada por 250 especialistas de distintas áreas; más de la mitad cuenta con título de doctorado. Los nombres fueron elegidos en asambleas populares y mecanismos de democracia directa en universidades de todo el país.
El plan de gobierno del movimiento prioriza el combate a la corrupción, el fortalecimiento del Estado de derecho y la reestructuración del servicio público. En materia económica y diplomática, la plataforma defiende la transparencia en el gasto público, impuestos justos, empleo estable y una política exterior pragmática.
El programa no menciona a la Unión Europea, la cooperación con Rusia ni el conflicto territorial con Kosovo. Analistas señalan que esa omisión evitó divisiones en el electorado y unió a distintos sectores de la sociedad contra la estructura autoritaria del SNS. Milorad Ivanović, director del medio de periodismo de investigación BIRN, analiza la transición:
“Los estudiantes ganaron las elecciones. Ahora viene lo más difícil: tienen que recuperar el Estado. La gente siente que se libró de la mafia. No esperan milagros. Esperan normalidad. Ese es el mayor patrimonio del nuevo gobierno.”
Según Ivanović, la prioridad inmediata no será redactar nuevas leyes, sino aplicar la legislación vigente y desarmar la red de favores levantada por el régimen anterior.
Aunque el programa evita fijar postura sobre alianzas internacionales, las encuestas muestran una fuerte tendencia europeísta en las bases del nuevo gobierno. Datos de junio indican que el 75% de los votantes de la Lista de Estudiantes prefiere la integración a la Unión Europea, mientras que el 60% de los seguidores de Vučić opta por alinearse con Moscú.
Slobodan Marković, historiador y profesor de la Universidad de Belgrado, recuerda que, cuando los universitarios marcharon el año pasado para exigir respuestas a sus reclamos, eligieron Estrasburgo como destino y no Moscú. El académico defiende una transición institucional sin personalismos:
“Van a necesitar un presidente del Parlamento y un portavoz del bloque. El nivel de institucionalización suficiente para formar gobierno. Pero, para lo que los estudiantes quieren, hace falta un gobierno de especialistas y no uno encabezado por líderes fuertes.”
La derrota del gobierno se sintió de inmediato en las calles. En la mañana posterior a los comicios, vecinos de Belgrado ocuparon el Parque de los Pioneros, un espacio frente al Parlamento que permaneció cercado durante 19 meses como base de grupos afines al oficialismo. La población derribó las rejas y desarmó las carpas del lugar.
La recuperación del espacio público fue recibida con entusiasmo en el centro de la capital. Sascha, un estudiante de 18 años, resumió el clima en las calles:
“Estar aquí significa libertad.”
A pesar de los festejos populares, analistas advierten sobre el riesgo de maniobras de desestabilización promovidas por el antiguo oficialismo. Para Ivanović, el SNS funcionaba como una red de lealtades sostenida por privilegios públicos que tiende a desintegrarse al perder el poder, aunque la figura de Vučić continúa siendo un factor de incertidumbre. El periodista advierte:
“La pregunta ya no es si Vučić acepta la derrota. La pregunta es si acepta que es definitiva.”



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