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Ana Mendieta: una obra marcada por el cuerpo y la naturaleza

La artista cubano-estadounidense convirtió cuerpo, sangre y naturaleza en obras que siguen provocando al mundo del arte cuatro décadas después

Muchas obras efímeras de Mendieta sobrevivieron principalmente a través de fotografías y películas. Foto: Untitled, 1972. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciado por Artist Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026 / Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres.

Londres, UK – Una exposición en la Tate Modern vuelve a poner en primer plano la obra de Ana Mendieta, artista cubano-estadounidense que, durante las décadas de 1970 y 1980, convirtió su propio cuerpo, la naturaleza y materiales como sangre, hojas, cenizas, arena, flores y pólvora en materia de una producción artística marcada por la presencia y la ausencia. Cuatro décadas después de su muerte, Mendieta sigue despertando fascinación, pero también controversia en torno a las circunstancias de su fallecimiento.

Nacida en Cuba en 1948, Mendieta dejó el país a los 12 años, cuando sus padres la enviaron junto con su hermana a Estados Unidos después de la Revolución Cubana de 1959. Las dos pasaron años alejadas de sus padres, en orfanatos y hogares de acogida en Iowa. La ruptura entre la vida familiar en la isla y la experiencia de crecer en Estados Unidos atravesó su trayectoria artística.

Durante 16 años, Mendieta trabajó en Estados Unidos, México, Cuba e Italia con pintura, escultura, dibujo, performance e instalaciones. Muchas de sus obras fueron realizadas directamente en paisajes naturales y desaparecieron con el viento, el agua, las plantas, el fuego o simplemente con el paso del tiempo. En numerosos casos, lo que permaneció fueron fotografías y películas en Super-8 que registraron sus acciones.

La curadora Elsa Collinson, vinculada a la exposición de la artista en la Tate Modern, explica que Mendieta no era ampliamente conocida por el público durante su vida, aunque sí gozaba de gran reconocimiento entre otros artistas. Según Collinson, su reconocimiento comenzó a extenderse después de su muerte y aumentó especialmente en los últimos años, impulsado por nuevas exposiciones.

“Una vez que la ves, no puedes dejar de pensar en ella”, dijo Collinson al describir el efecto que produce la obra de Mendieta.

Obras hechas para desaparecer

La dificultad para preservar parte de la producción de Mendieta también contribuyó a que su trabajo tardara en ocupar un lugar más amplio en el circuito artístico. Muchas de sus obras eran efímeras y no podían simplemente retirarse de un lugar y trasladarse a una galería.

Mendieta decía que sus obras existían de dos maneras: o se erosionaban y desaparecían en la naturaleza, o sobrevivían a través de su documentación. En muchos casos, realizaba sola una acción en determinado paisaje, la fotografiaba o filmaba y dejaba que la propia naturaleza destruyera el trabajo.

En Ñáñigo Burial, de 1976, por ejemplo, dibujó en el suelo la silueta simplificada de un cuerpo femenino utilizando 47 velas negras. Después de encenderlas, dejó que la cera se derritiera. La instalación original desapareció, pero las fotografías permitieron recrearla en exposiciones posteriores, a partir de 1990.

Otro eje importante de su producción aparece en la serie Silueta, iniciada en 1973 en México. En Imagen de Yágul, Mendieta se tendió desnuda en una antigua tumba zapoteca, en Oaxaca, y cubrió su cuerpo con flores blancas.

Con el paso de los años, la presencia física de la artista fue desapareciendo de sus propias obras. En algunas, su cuerpo quedaba camuflado en el paisaje hasta resultar casi imposible de encontrar. En otras, permanecía únicamente su contorno. En una obra de 1976, una silueta femenina dibujada en la arena con pigmento rojo es lentamente destruida por el agua del mar.

Para Collinson, este proceso producía una fusión entre el cuerpo y la naturaleza. La silueta podía aparecer en un paisaje y, poco después, desaparecer de él.

Cuerpo, sangre y violencia

Antes de convertir la relación entre cuerpo y naturaleza en el centro de una parte importante de su producción, Mendieta ya había utilizado su propio cuerpo para abordar la violencia contra las mujeres.

En Rape Scene, de 1973, respondió a la violación y el asesinato de una estudiante de enfermería ocurrido en el campus de la Universidad de Iowa, donde estudiaba un programa interdisciplinario de arte. Mendieta se cubrió de sangre, se ató inclinada sobre una mesa y permaneció en esa posición, con la puerta de su apartamento abierta.

Ese mismo año realizó Sweating Blood, una película en la que aparece su rostro mientras gotas de sangre se acumulan lentamente en su frente. En Body Tracks, de 1974, cubrió sus manos y antebrazos con sangre y dibujó con su propio cuerpo el contorno de un árbol sobre una pared.

El uso de la sangre continuó presente en otros trabajos, pero la artista no la consideraba necesariamente un símbolo de negatividad. En una entrevista de 1980 afirmó que la veía como una sustancia poderosa y mágica.

En Blood + Feathers, también de 1974, Mendieta vertió sangre sobre su cuerpo desnudo y después se cubrió de plumas blancas, antes de correr por la orilla arenosa de un arroyo. La transformación del cuerpo humano en ave y, posteriormente, su fusión con la naturaleza aparecen como elementos recurrentes en su producción.

Una artista entre culturas y tiempos

Mendieta también buscaba referencias en culturas antiguas y en tradiciones visuales precolombinas. En 1984 afirmó:

“Mi obra se inscribe básicamente en la tradición del arte neolítico”.

Esta relación aparece en trabajos realizados con diferentes materiales y en distintos lugares. Sus figuras femeninas fueron grabadas en rocas, dibujadas sobre papel amate elaborado a partir de la corteza utilizada por pueblos originarios de México, moldeadas en arena y registradas mediante fotografías.

En Esculturas Rupestres, realizada en Cuba en 1981, las fotografías en blanco y negro dan a las obras una apariencia similar a la de registros arqueológicos. En otro momento de su carrera, Mendieta produjo un autorretrato con un elaborado tocado inspirado en un tipo específico de adorno azteca.

Su última etapa también incluye La Jungla, de 1985, una escultura formada por varios troncos de árboles sobre los que utilizó pólvora para grabar siluetas oscuras. La obra recibió influencia de estructuras totémicas de madera que la artista había visto en antiguos sitios arqueológicos durante sus viajes por Europa.

Imagen de Yágul, 1973. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Con licencia de Artist Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026 / Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres.

La muerte que sigue dividiendo al mundo del arte

Ana Mendieta murió a los 36 años, durante la madrugada del 8 de septiembre de 1985, después de caer desde la ventana del apartamento donde vivía en Nueva York, en el piso 34 de un edificio. Nueve meses antes se había casado con el artista Carl Andre, escultor conocido como uno de los nombres del minimalismo estadounidense.

A las 5:29 de la mañana de ese día, Andre llamó a la policía e informó que su esposa había caído por la ventana. Algunas personas dijeron haber escuchado una discusión. Andre afirmó que se trataba de un suicidio.

Fue detenido y acusado de asesinato, pero quedó absuelto en 1988. El juicio dividió a la comunidad artística de Nueva York. Familiares, amigos, integrantes de la vanguardia artística especialmente artistas latinos e inmigrantes y colectivos feministas consideraron la decisión un error judicial y una muestra de la misoginia existente en el mundo del arte.

Otros aceptaron la absolución y consideraron que la acusación de asesinato estaba relacionada con una agenda feminista. Andre continuó recibiendo el respaldo de artistas e instituciones importantes, que mantuvieron su obra en exposiciones. La muerte de Mendieta volvió a ocupar espacio en la conversación pública en 2022, cuando la curadora Helen Molesworth abordó su historia en el podcast Death of an Artist. El trabajo fue criticado por adoptar un enfoque considerado sensacionalista y por concentrarse más en Andre que en la propia Mendieta.

La historia ya había sido contada en el libro Naked by the Window, publicado por Robert Katz en 1990. Una serie de televisión basada en el libro está siendo preparada por Amazon, con la actriz America Ferrera como protagonista y coproductora. La Tate Modern decidió, en su exposición individual de Mendieta, no mencionar su muerte ni su matrimonio con Andre. La decisión sigue un enfoque que busca concentrar la atención en la producción artística de la cubano-estadounidense y en sus performances de “cuerpo-tierra”.

La decisión, sin embargo, no ha cerrado la controversia. En 2016, durante una exposición de Andre en la Tate Modern, manifestantes llevaron pancartas que responsabilizaban al artista por la muerte de Mendieta. Para los admiradores de la artista, existen dos riesgos: convertir a Mendieta únicamente en la víctima de una historia trágica o borrar una parte de su trayectoria al intentar hablar exclusivamente sobre su obra.

La producción que dejó, sin embargo, permanece. Siluetas que desaparecieron, cuerpos cubiertos de sangre, figuras dibujadas sobre hojas, árboles marcados con fuego y esculturas incorporadas al paisaje continúan siendo reconstruidos, fotografiados y exhibidos décadas después.

Como resume Collinson, el trabajo de Mendieta invita al espectador a detenerse y mirar con atención. Sus obras no eran monumentales ni necesariamente estaban hechas para permanecer. Muchas fueron concebidas para desaparecer. Aun así, continúan presentes en la memoria de quienes las encuentran.

Steve Rodríguez

Steve Rodríguez es reportero de Fronteira Livre, investigador y doctorando en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA). Posee una formación interdisciplinaria en narrativa audiovisual, estudios culturales latinoamericanos y prácticas pedagógicas anticoloniales. Su trayectoria articula la creación artística en ámbitos como el teatro, el cine y la cultura visual con la reflexión crítica y la investigación académica, desde una perspectiva inspirada en los estudios visuales desarrollados por Nicholas Mirzoeff.

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