América Latina – El economista francés Thomas Piketty sostiene que el nerviosismo que actualmente se observa en Washington está relacionado con la pérdida gradual de influencia de Estados Unidos sobre la economía y la política mundial. Según Piketty, la participación estadounidense en la economía global es cada vez menor en comparación con el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, y esa tendencia continuará durante los próximos años.
Para el economista, la reacción nacionalista del gobierno de Donald Trump frente a este proceso no resuelve los desequilibrios económicos y geopolíticos que están detrás de la pérdida de influencia estadounidense. Piketty considera que el mundo avanza hacia una estructura multipolar, en la que ningún país tendrá hegemonía sobre el Producto Interno Bruto (PIB) mundial.
“Este nerviosismo que vemos hoy en Washington tiene que ver con el hecho de que Estados Unidos está perdiendo el control sobre el mundo”, afirmó Piketty.
A su juicio, la respuesta de los sectores nacionalistas estadounidenses representa más una señal de debilidad que de fortaleza.
En ese nuevo escenario, el economista propone transformar el sistema monetario internacional. Su planteamiento incluye la creación de una moneda internacional basada en una canasta de divisas de países como Estados Unidos, China, India y Brasil. El objetivo sería contar con un mecanismo capaz de financiar el desarrollo y las inversiones necesarias para enfrentar la crisis climática sin depender exclusivamente del sistema monetario actual.
Piketty cuestiona que el dólar continúe funcionando como principal moneda internacional mientras la economía estadounidense representa una proporción cada vez menor del PIB mundial. Según explica, esta situación contribuye a mantener un dólar sobrevalorado y está relacionada con el enorme déficit comercial de Estados Unidos.
Un mundo con menos peso de Estados Unidos
Piketty estima que la participación de Estados Unidos en el PIB mundial podría caer del actual 15% a cerca del 10% durante los próximos 10 o 20 años. Para el economista, esa transformación también tendrá consecuencias dentro de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde Washington mantiene actualmente un poder de veto sobre determinadas decisiones.
El FMI establece que un país que controle el 15% de los votos puede bloquear decisiones consideradas fundamentales. Estados Unidos mantiene actualmente ese porcentaje y, por esa razón, tiene capacidad para impedir determinadas iniciativas, entre ellas la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG), que algunos especialistas consideran un posible antecedente de una futura moneda internacional.
Piketty sostiene que esa situación podría cambiar a medida que disminuya el peso relativo de Estados Unidos en la economía mundial. En su estimación, el país podría perder su poder de veto en los próximos años, lo que abriría la posibilidad de modificar la estructura de representación dentro del organismo.
Para el economista, la transformación no necesariamente dependerá de un acuerdo entre todas las grandes potencias. Frente a la dificultad de reformar de manera consensuada instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el FMI y el Banco Mundial, plantea la formación de una “coalición incompleta”: un grupo de países dispuesto a avanzar en determinadas reformas aunque Estados Unidos u otras potencias no participen.
Impuesto a las grandes fortunas
Una de las propuestas centrales de Piketty es la creación de mecanismos internacionales para gravar las grandes fortunas. El economista recuerda que durante la cumbre del G20 de 2024, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva propuso un impuesto global sobre las grandes fortunas, iniciativa que recibió el respaldo de Sudáfrica y de otros países.
Para Piketty, el hecho de que la propuesta haya sido discutida dentro del G20 demuestra que la demanda de justicia económica y climática ya forma parte de las negociaciones internacionales.
El economista también menciona una convención de Naciones Unidas orientada a ampliar la cooperación internacional en materia tributaria. La iniciativa busca incorporar a más países, especialmente del Sur Global, a las discusiones sobre el sistema tributario internacional.
Piketty plantea que el problema también está relacionado con la soberanía de los países. Según su argumento, las naciones del Sur Global buscan evitar que sus riquezas sean extraídas para beneficiar principalmente a los intereses económicos de los países del Norte.
Críticas al modelo económico y al nacionalismo
La crítica de Piketty no se limita a Estados Unidos. El economista también cuestiona el rumbo adoptado durante las últimas décadas por sectores de la izquierda y la centroizquierda.
Según Piketty, la izquierda perdió parte de sus ambiciones para reducir la desigualdad y redistribuir la riqueza. En su lugar, se consolidó un consenso alrededor de la liberalización de los mercados y de una menor progresividad fiscal, políticas que, según su análisis, perjudicaron tanto a los sectores de menores ingresos como a las clases medias.
También sostiene que, en varios casos, partidos de izquierda y centroizquierda terminaron asociados con políticas favorables a las grandes corporaciones. Esto, afirma, abrió espacio para discursos nacionalistas que buscan atraer a trabajadores y sectores medios mediante cuestiones relacionadas con las fronteras y la identidad nacional.
Para Piketty, una parte de los votantes tampoco confía plenamente en la agenda de Trump, pero no encuentra una alternativa económica capaz de disputar ese espacio político. Por eso considera necesario recuperar debates sobre desigualdad, estructura de clases y políticas económicas.
“Si pasas años diciéndole a la opinión pública que no hay políticas económicas alternativas, que todos los gobiernos deben seguir la misma agenda a favor de las corporaciones y que lo único que realmente pueden hacer es controlar sus fronteras, después de 20 o 30 años, el resultado es un debate político que se reduce al control de fronteras y la identidad”, afirmó.
Una alternativa ante las próximas crisis
Piketty reconoce que no es posible saber qué crisis política podría desencadenar una transformación del sistema internacional. Sin embargo, sostiene que las sociedades deben estar preparadas para actuar cuando llegue un período de cambio.
El economista recuerda que en otros momentos de crisis surgieron transformaciones profundas, entre ellas la seguridad social, los servicios públicos, la educación universal y gratuita, el sufragio, los derechos laborales y los procesos de descolonización.
Su perspectiva combina esa lectura histórica con una advertencia sobre el futuro. Si el rumbo económico actual no cambia, afirma, el mundo será más desigual, más polarizado y más inestable. Pero Piketty considera que ese escenario no está predeterminado.
Según su análisis, las fuerzas tecnonacionalistas todavía pueden ganar elecciones, pero tendrán dificultades para resolver los problemas estructurales relacionados con la desigualdad, el desarrollo y el medio ambiente. Por eso prevé que el mundo avance hacia una estructura multipolar, con mayor peso de las fuerzas democráticas y una influencia creciente de los países del Sur Global.



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