Londres, Reino Unido – En una región donde millones de personas enfrentan jornadas prolongadas, informalidad laboral y salarios insuficientes, una declaración del Premio Nobel de Economía Christopher Pissarides reabrió un debate que atraviesa a toda América Latina: ¿trabajar más horas realmente significa producir más?
La respuesta del economista británico es no.
Ganador del Nobel de Economía en 2010 y profesor de la London School of Economics, Pissarides sostuvo que las personas suelen ser más productivas cuando trabajan menos horas y cuentan con mejores condiciones laborales.
Según explicó, la reducción de la jornada laboral forma parte de una transformación histórica que ha acompañado el desarrollo económico durante décadas y que continuará avanzando en el futuro.
“Es necesario escuchar a todas las partes. La reducción de la carga laboral ha ocurrido repetidamente a lo largo de la historia y seguirá ocurriendo”, señaló.
El economista también cuestionó la idea de que una reducción de la jornada genere automáticamente inflación o perjudique el crecimiento económico.
Para él, los resultados dependen de factores específicos de cada país, de cada sector productivo y de las condiciones sociales existentes.
Pissarides defendió además el papel de los sindicatos y de la negociación colectiva, argumentando que la mayoría de los trabajadores no negocia desde una posición de igualdad frente a las empresas.
La discusión tiene especial relevancia en América Latina, donde persisten elevados niveles de precarización laboral y donde amplios sectores de la población trabajan jornadas extensas para compensar ingresos insuficientes.
Durante los últimos años, distintos países han comenzado a debatir modelos alternativos de organización del trabajo, impulsados por el avance tecnológico, la automatización y el aumento de los problemas de salud mental asociados al agotamiento laboral.
Para el Nobel, la productividad del siglo XXI no debe medirse únicamente por la cantidad de horas dedicadas al trabajo, sino también por la capacidad de generar bienestar, innovación y mejores resultados económicos.
El debate, cada vez más presente en gobiernos, empresas y organizaciones sociales, apunta a una pregunta central para el futuro de la región: cómo distribuir los beneficios del desarrollo tecnológico sin sacrificar la calidad de vida de quienes producen la riqueza.


















