Nueva York, Estados Unidos – El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió este martes 22 que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, al alertar sobre el regreso de presiones hegemónicas e injerencias externas en América Latina y el Caribe durante la apertura de la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ante los mandatarios reunidos en la sede del organismo internacional, afirmó que la democracia volvió a quedar en jaque en el planeta debido a la división del mundo en zonas de influencia, la manipulación de comicios y los avances neocoloniales dirigidos al control de recursos estratégicos.
Durante su intervención, Lula explicó que la proximidad con Estados Unidos, al que señaló como la mayor potencia militar del planeta, genera presiones directas sobre las naciones vecinas. Al analizar el panorama regional, sostuvo que el pueblo de Venezuela tiene que definir su propio camino sin intervenciones de afuera, mientras que el gobierno de Nicaragua no va a solucionar sus conflictos políticos excluyendo a la oposición de las urnas. También reclamó atención urgente para la crisis humanitaria que golpea a Haití y cuestionó nuevamente el embargo económico impuesto contra Cuba.
La expansión de las redes de desinformación durante los procesos electorales ocupó otro tramo central del mensaje. Lula aseguró que las instituciones brasileñas vigilan los intentos de interferencia política interna y externa, y defendió la seguridad de las urnas electrónicas. “No permitiremos que los enemigos de la democracia, internos o externos, atenten contra la voluntad popular. Brasil continuará siendo un país soberano. Nadie nos apartará de ese camino”, declaró.
El mandatario vinculó las campañas de noticias falsas con retrocesos en la salud pública y el daño ambiental, acusando a sectores oscurantistas de poner en peligro vidas humanas. Recordó los fallecimientos registrados durante la pandemia de covid-19, criticó la desinformación contra las vacunas que provocó el regreso de enfermedades ya controladas y condenó el debilitamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En materia ecológica, denunció el abandono de los compromisos climáticos en las agendas del G7 y del G20 —los bloques que reúnen a las economías más contaminantes— y convocó a derrotar el negacionismo ambiental a escala global.
Al abordar la seguridad y la lucha contra el crimen organizado, Lula rechazó cualquier intento de intervención armada extranjera en territorio brasileño y defendió acuerdos prácticos contra el lavado de dinero y el tráfico internacional de armamento. “No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas; necesitamos cooperación para frenar el flujo de armas y de dinero que abastece al crimen organizado”, dijo. En ese marco, reveló que Brasil presentó a Estados Unidos una propuesta conjunta orientada a rastrear los activos de bandas criminales en el exterior, y sostuvo que la defensa de la soberanía nacional no admite tutelas militares foráneas.



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