Ottawa, CAN – El primer ministro canadiense, Mark Carney, reconoció la semana pasada que su gobierno se ha preparado para un escenario que hasta hace poco parecía impensable: una eventual invasión de Canadá por parte de Estados Unidos. Aunque Carney considera que el riesgo es bajo y que la posibilidad es altamente improbable, afirmó que tiene la responsabilidad de considerar todos los escenarios mientras la relación entre ambos países atraviesa una profunda transformación.
“Es simplemente gestión de riesgos”, dijo Carney al explicar la decisión del gobierno canadiense.
La política arancelaria impulsada por Donald Trump y sus reiteradas declaraciones sobre la posibilidad de convertir a Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos llevaron al gobierno canadiense a realizar ejercicios militares que contemplan ataques provenientes del territorio estadounidense.
En 2025, Trump afirmó que era “muy improbable” que Estados Unidos utilizara la fuerza contra Canadá, aunque también dijo que continuaría ejerciendo presión económica para alcanzar sus objetivos políticos. La Casa Blanca, por su parte, sostuvo que Trump “ha hecho más que nadie para proteger al gran pueblo de Canadá”.
Especialistas militares consideran que una invasión estadounidense sigue siendo altamente improbable y recuerdan que los dos países mantienen una estrecha cooperación en materia de defensa. Sin embargo, la posibilidad de un conflicto comenzó a generar una preocupación evidente entre los canadienses.
En enero, después de que Estados Unidos capturara a Nicolás Maduro en Venezuela, una encuesta de Leger indicó que más del 30 % de los canadienses consideraba probable una invasión estadounidense.
Por qué es improbable que suceda
El teniente general Christopher Coates, exoficial de la Real Fuerza Aérea Canadiense con 34 años de carrera, afirmó que una guerra entre los dos países sería extremadamente compleja y difícil de imaginar.
“Participé en operaciones militares durante toda mi carrera y nunca contemplamos la posibilidad de que hubiera un ataque militar proveniente del territorio estadounidense”, explicó Coates.
Durante su carrera, Coates participó en operaciones de la OTAN y estuvo involucrado en la estrecha cooperación militar que mantienen Canadá y Estados Unidos.
Los dos países son miembros de la OTAN, cuya alianza establece el compromiso de defender a un miembro que sea objeto de un ataque. Además, Canadá y Estados Unidos realizan operaciones conjuntas de defensa en el Ártico a través de NORAD y comparten información de inteligencia con frecuencia.
Para Coates, un eventual ataque estadounidense tampoco comenzaría necesariamente con una ofensiva militar convencional. Antes de una invasión terrestre podrían utilizarse mecanismos menos visibles, como operaciones de ciberguerra. La relación entre Mark Carney y Donald Trump se ha deteriorado durante el segundo mandato del presidente estadounidense, mientras Ottawa intenta redefinir sus vínculos políticos, económicos y militares con Washington.
No siempre han sido los mejores amigos
Después de la Segunda Guerra Mundial, Canadá y Estados Unidos se convirtieron en aliados naturales. Durante la segunda mitad del siglo XX, ambos países profundizaron su integración económica, militar y cultural hasta convertirse en socios estrechamente vinculados.
Sin embargo, la historia de la relación es mucho más conflictiva de lo que puede parecer en la actualidad. Tim Foran, investigador del Museo Canadiense de la Guerra, explicó que una parte fundamental de la identidad canadiense está relacionada con la resistencia a la expansión estadounidense durante los siglos XVIII y XIX.
“El miedo a Estados Unidos es fundamental para el proyecto político que es Canadá”, afirmó Foran.
Canadá se formó a partir de colonias británicas de América del Norte que permanecieron leales a la Corona británica cuando las colonias que hoy forman Estados Unidos se rebelaron.
Antes de la formación del Canadá actual, Estados Unidos intentó invadir las colonias británicas de América del Norte. En 1775, las fuerzas estadounidenses tomaron Montreal y estuvieron cerca de conquistar la ciudad de Quebec.
Durante la Guerra de 1812, las tropas estadounidenses invadieron en repetidas ocasiones territorios que entonces formaban parte del Alto Canadá, el Bajo Canadá y las colonias marítimas. El conflicto terminó en un punto muerto. Como represalia, las tropas británicas incendiaron la Casa Blanca en Washington.
Durante décadas, las colonias británicas de América del Norte dependieron del Reino Unido y de su armada para su defensa. También contaron con la participación de pueblos indígenas cuyos integrantes llegaron a ocupar posiciones de liderazgo militar durante algunos de los principales enfrentamientos.
Después de la Primera Guerra Mundial, Canadá volvió a considerar la posibilidad de una guerra con Estados Unidos ante el crecimiento de su poder y su influencia. El plan se basó en viajes secretos realizados por generales del ejército canadiense a ciudades cercanas a la frontera. Los militares se hacían pasar por turistas y fotografiaban puentes, carreteras y otros puntos estratégicos para reunir información.
Agentes también conversaban con residentes locales para obtener información sobre las posibles condiciones de un conflicto. Andrew Burtch, investigador del Museo Canadiense de la Guerra especializado en la historia de Canadá durante el siglo XX, explicó que, aunque una guerra con Estados Unidos era poco probable, los canadienses querían estar preparados.
“Eso forma parte del trabajo de los militares”, afirmó.
“Contemplan todo tipo de escenarios diferentes”, agregó.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Canadá y Estados Unidos dejaron atrás buena parte de sus antiguos enfrentamientos y se convirtieron en aliados militares. Actualmente, ambos forman parte de la OTAN y mantienen una extensa cooperación en materia de defensa.
Cómo podría ser una invasión
Matthew Schmidt, profesor asociado de Seguridad Nacional de la Universidad de New Haven, considera que el hecho de que Canadá esté contemplando formalmente este escenario revela un cambio profundo en el orden internacional.
Los dirigentes canadienses enfrentan ahora preguntas difíciles sobre hasta qué punto deben continuar cooperando militarmente con Estados Unidos. La asociación bilateral proporciona a Washington acceso a información de inteligencia que podría convertirse en un problema si Estados Unidos llegara a considerar a Canadá como un adversario.
“Esto está perjudicando seriamente las relaciones con Estados Unidos y existe un cierto grado de temor legítimo”, afirmó Schmidt.
Aunque muchos estadounidenses pueden no tomar en serio las declaraciones de Trump sobre convertir a Canadá en el estado número 51, la reacción canadiense ha sido diferente. El gobierno está considerando cómo defender el territorio nacional ante distintos escenarios, incluso aquellos que hasta hace poco parecían imposibles.
¿Qué pasaría si ocurriera?
La primera fase de una eventual guerra podría ser relativamente corta. De acuerdo con un modelo elaborado por las fuerzas armadas canadienses, un ataque estadounidense podría permitir a Washington tomar posiciones estratégicas de Canadá en aproximadamente una semana.
Con una superioridad militar considerable, Estados Unidos podría superar rápidamente a las fuerzas convencionales canadienses. A partir de ese momento, Canadá tendría que recurrir a una estrategia de guerra de guerrillas para intentar resistir y dificultar el control del territorio.
Según información publicada en enero y atribuida a altos funcionarios del gobierno canadiense, Ottawa pediría apoyo a países aliados como Francia y el Reino Unido para contribuir a la defensa del territorio. El modelo sería el primero en un siglo en plantear de manera formal la posibilidad de un ataque estadounidense contra Canadá.
Coates considera, sin embargo, que se trata de un modelo situado todavía en un nivel relativamente básico de planificación militar. Canadá se encuentra por detrás de otros aliados de la OTAN en cuanto a la preparación de planes específicos para responder a una invasión terrestre. Ahora intenta acelerar ese proceso en medio de un escenario geopolítico cada vez más imprevisible.
Una señal de este cambio fue el reciente llamado del jefe de la defensa canadiense a aumentar de manera drástica el tamaño de las fuerzas armadas, incluyendo la posibilidad de incorporar hasta 300.000 soldados con un nivel limitado de entrenamiento.
Una invasión de Canadá también supondría enormes dificultades para Estados Unidos. Aunque el ejército estadounidense tiene una capacidad militar muy superior, Washington tendría problemas para conseguir respaldo político y militar para una guerra contra Canadá, según Schmidt.
“Creo que un gran número de oficiales estadounidenses dimitirían si recibieran la orden de invadir Canadá”, afirmó.
“Lo considerarían una orden ilegal e inmoral”, agregó.
Canadá y Estados Unidos realizan entrenamientos militares conjuntos de manera habitual y sus soldados mantienen relaciones de cooperación y respeto mutuo.
En el improbable caso de una guerra, Estados Unidos podría concentrarse en recursos estratégicos canadienses, como el petróleo y los minerales, además de intentar neutralizar rápidamente al liderazgo político del país.
“Se vería una especie de operación que reflejaría quizás lo que se vio en Venezuela”, dijo Schmidt, en referencia a la operación militar estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
A pesar de la enorme superioridad militar estadounidense, Schmidt considera que las fuerzas canadienses podrían ofrecer una resistencia considerable en un enfrentamiento directo.
“Cuerpo a cuerpo”, afirmó, “los soldados canadienses podrían defenderse”.



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