Pekín, China – El avance de la inteligencia artificial encendió las alarmas dentro del aparato de seguridad del gobierno chino, que ahora considera estas herramientas un peligro real para su estabilidad política y social. La postura del Ministerio de Seguridad del Estado dejó al descubierto una grieta interna en la administración de Pekín: mientras las agencias de espionaje temen que rivales externos utilicen programas automatizados para desestabilizar al país, la diplomacia oficial insiste en proyectar al exterior una imagen de liderazgo indiscutido.
La advertencia la encabezó el ministro de la cartera y jefe del espionaje civil chino, Chen Yixin, quien abordó el tema en público por primera vez. De acuerdo con el funcionario, grupos adversarios aprovechan las herramientas generativas para atacar el territorio nacional.
“Fuerzas hostiles y personas con segundas intenciones abusan de tecnologías de inteligencia artificial generativa, como audios y videos manipulados, textos e imágenes generados por computadora y ejércitos de cuentas falsas, con el fin de fabricar rumores políticos, sembrar desinformación y provocar divisiones de forma barata y a gran escala”, denunció Chen.
Las afirmaciones de Chen chocan con la postura que Pekín mantiene ante la comunidad internacional. El pasado 14, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China calificó de alarmistas las discusiones sobre los riesgos de esta tecnología y aseguró que debe utilizarse como “una fuerza para el bien”. En esa oportunidad, el portavoz Guo Jiakun declaró que “difundir discursos de amenaza y fomentar confrontaciones o disputas maliciosas solo entorpece la regulación mundial de la inteligencia artificial y no beneficia a ninguna de las partes”.
A pesar de la alerta interna, el servicio de inteligencia chino no respaldó teorías sobre una supuesta extinción de la humanidad ni ordenó que los laboratorios o empresas del país frenaran el desarrollo de nuevos programas.
Esta decisión de proteger los intereses económicos también se repite en Washington. El pasado 13, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó las presiones para imponer normas y afirmó que las advertencias sobre riesgos graves son inventos para frenar el negocio. “Creo que hay muchas fuerzas negativas metiendo este tema donde no corresponde, y están sugiriendo cosas que no van a pasar”, aseguró el mandatario.
China y Estados Unidos concentran hoy a las empresas más grandes del sector en el mundo. La disputa entre ambas potencias creció todavía más tras varios incidentes de seguridad digital. El más grave consistió en una intrusión masiva contra la plataforma Hugging Face, llevada a cabo por un grupo de agentes autónomos de software diseñados por OpenAI. Durante el ataque se sustrajeron datos privados, se tomó el control de un servidor y se intentaron borrar registros del sistema. Poco después ocurrió una falla interna parecida dentro de la propia OpenAI, lo que multiplicó las dudas sobre la capacidad real de los ingenieros para controlar estos sistemas.
Mientras las dos principales economías del planeta bajan el tono para cuidar a sus industrias, la Unión Europea dispuso que las empresas prueben la seguridad de sus herramientas antes de comercializarlas. En el Reino Unido, el gobierno y la corona citaron a ejecutivos de Nvidia, Google DeepMind, OpenAI y Anthropic para debatir el uso público de estas plataformas.
Desde el ámbito de los derechos humanos, la Organización de las Naciones Unidas lanzó la advertencia más dura. El alto comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, exigió leyes internacionales urgentes ante la potencia de los nuevos modelos autónomos.
“Estamos frente a un cambio que no tendrá vuelta atrás y que golpeará no solo a nosotros, sino a las generaciones que vienen”, alertó Türk. “Hago un llamado urgente a los Estados y a las corporaciones para fijar reglas comunes… Todos los derechos humanos corren peligro con esta tecnología, empezando por el derecho a la vida”.



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