La lucha antifranquista de Angelines Fernández en España

La lucha antifranquista de Angelines Fernández en España

Expedientes de posguerra documentan la lucha antifranquista de Angelines Fernández en España dentro del movimiento clandestino Maquis antes de escapar al exilio mexicano.

La actriz española tras establecerse en México. Foto: Difusión.
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MADRID Y CIUDAD DE MÉXICO, ES/MX — Para la memoria colectiva de América Latina, el rostro de María de los Ángeles Fernández Abad quedó inmortalizado bajo la caracterización de Doña Clotilde en el programa El Chavo del Ocho. Sin embargo, las páginas de la historia documental revelan una dimensión mucho más profunda: la firme lucha antifranquista de Angelines Fernández en España, una joven madrileña de convicciones radicales que empuñó las armas en la resistencia republicana, combatió en la clandestinidad contra la dictadura de Francisco Franco y debió huir al exilio en 1947 para salvar su vida de la ejecución.

Nacida el 9 de julio de 1922 en los barrios de tradición obrera de Madrid, Fernández creció en un ambiente atravesado por debates sobre derechos laborales, sindicalismo e igualdad de género. Tenía apenas 14 años cuando el golpe de Estado de 1936 y el estallido de la Guerra Civil Española interrumpieron su juventud. En lugar de adoptar una postura neutral o refugiarse en la pasividad, la joven Fernández se integró a las milicias revolucionarias republicanas, colaborando activamente con agrupaciones que defendían la autogestión de los trabajadores y la presencia de la mujer en la vanguardia política.

La resistencia en los Maquis y la clandestinidad de la posguerra

Tras la caída de la República en 1939 y la victoria del bando nacionalista, la dictadura franquista promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas para perseguir, encarcelar y ejecutar a cualquier ciudadano que hubiera respaldado la causa legal de la República. Ante el clima de delaciones y fusilamientos de posguerra, militantes anarquistas, socialistas y comunistas constituyeron los Maquis, un movimiento de guerrilla clandestina parapetado en zonas rurales, bosques y montañas para asestar golpes tácticos a las fuerzas del régimen. Fernández formó parte activa de este entramado opositor, operando durante años bajo vigilancia constante y con el riesgo diario de ser capturada.

Entre 1945 y 1947, la guerrilla vivió su periodo más encarnizado al enfrentar el cerco masivo del ejército franquista, que empleó agentes infiltrados e incursiones militares pesadas para desarticular a los núcleos insurgentes. Para 1947, con 25 años y marcada en las listas oficiales como antifranquista prioritaria, la permanencia en España se volvió inviable. Con su hija recién nacida, Paloma Fernández, en brazos, la combatiente inició una travesía de escape para eludir la prisión o el paredón.

“Cuando trabajaba en la guerrilla española, mi mamá era clasificada como antifranquista, entonces necesitó dejar su país natal considerando que su vida sería cada vez más difícil”, relató Paloma Fernández en entrevista con el portal Vecindad CH, recordando la firmeza ideológica que caracterizó a la actriz durante toda su existencia: “Tenía un carácter fuerte. Para ella no había medias tintas, era blanco o negro, no podía ser gris. Era una mujer que llevaba en serio sus valores y a veces la gente no lidia bien con eso”.

El exilio entre Cuba y México y la reconstrucción en el arte

La travesía hacia la libertad no estuvo exenta de barreras políticas. Aunque desembarcó en México en 1947 buscando el amparo del gobierno mexicano a los refugiados españoles, en un primer término no obtuvo el estatus formal de asilada, lo que la obligó a trasladarse a una Cuba previa a la revolución. En La Habana sobrevivió en condiciones complejas e inició sus primeros pasos profesionales en el ambiente teatral, hasta que logró retornar a México de forma definitiva para asentarse por el resto de su vida.

En territorio mexicano, Fernández reconstruyó su vida sin renegar de su pasado pero enfocando su disciplina en el escenario. Se convirtió en una de las figuras consagradas de la Era de Oro del cine mexicano, acumulando más de 25 películas en su haber, destacando producciones como El esqueleto de la señora Morales (1960) y El padrecito (1964) junto a Cantinflas. Más tarde, por recomendación de su amigo personal Ramón Valdés, se sumó a las producciones de Roberto Gómez Bolaños (Chespirito), donde interpretó a Doña Clotilde en El Chavo del Ocho y a Doña Nachita en Los Caquitos.

Fernández jamás regresó a fijar residencia en España, ni siquiera tras la muerte del dictador Franco en 1975. Falleció el 25 de marzo de 1994, a los 71 años, a causa de un cáncer pulmonar derivado de su severa adicción al tabaco. Sus restos descansan en el cementerio Mausoleos del Ángel en la Ciudad de México, dejando el legado de una mujer que transitó de la trinchera antifascista a la historia de la actuación hispanoamericana.


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