LONDRES, GB — Una fuerte controversia salpica a una de las instituciones culturales más destacadas del mundo tras la apertura de una investigación en el Museo Británico por borrar Palestina de sus galerías. Representantes de diversos partidos políticos británicos exigieron una investigación independiente tras salir a la luz correos electrónicos internos que revelan cómo el Museo Británico retiró los términos “Palestina”, “palestino” y “ocupación israelita” de sus vitrinas sobre el antiguo Asia Occidental, cediendo presuntamente a las presiones directas de grupos sionistas pro-Israel ejercidas entre octubre y diciembre de 2024.
La investigación en el Museo Británico por borrar Palestina cobra fuerza luego de que el portal Middle East Eye (MEE) revelara que la institución mintió sobre supuestas pruebas de público realizadas para justificar las modificaciones en mapas y placas informativas, donde frases como “gobernantes de descendencia palestina” se cambiaron por “gobernantes de origen cananeo”. El diputado laborista Richard Burgon apoyó la solicitud de investigación y afirmó que “el Museo Británico debe responder urgentemente a preguntas serias sobre la inaceptable retirada de referencias a Palestina”. Por su parte, la diputada del Partido Verde, Sian Berry, advirtió que “ceder a la presión de esta manera, si eso fue lo que ocurrió, desacredita profundamente a la dirección del museo y compromete su trabajo”.
Exigen investigación en el Museo Británico por borrar Palestina
A pesar de que el director del recinto, Nicholas Cullinan, defendió las decisiones alegando una “profunda reflexión” curatorial durante la renovación de galerías, los correos internos del pedido de acceso a la información demuestran que los cambios se concretaron pocas horas después de recibir quejas de entidades como UK Lawyers for Israel y el Board of Deputies. En un caso documentado, el museo modificó una vitrina sobre los fenicios en menos de cinco horas tras una queja que alegaba que la frase “ocupación israelita” podía “justificar ataques contra judíos”.
El embajador palestino en el Reino Unido, Husam Zomlot, denunció firmemente la maniobra institucional: “Al retirar referencias a la historia palestina, el Museo Británico traiciona su compromiso con la historia y permite que la institución sea utilizada con fines políticos”. Zomlot confirmó que mantendrá las gestiones para restituir las placas originales. Asimismo, el grupo Energy Embargo for Palestine calificó lo ocurrido como una “burla a la pretensión de que el museo sea imparcial”, mientras que la organización Culture Unstained advirtió que se pudo haber violado el Código de Ética de la Asociación de Museos al no resistir la interferencia externa.
Aunque el Museo Británico negó categóricamente ceder a presiones y argumentó que el término “Palestina” dejó de tener una connotación neutral para el público, la propia institución admitió en la solicitud de transparencia que no hizo ningún estudio formal con visitantes sobre esa palabra. La gestión de Cullinan ya acarreaba críticas severas tras organizar en mayo de 2025 un evento con la Embajada de Israel para celebrar el Día de la Independencia israelí y por suspender una conferencia sobre el antiguo Israel por temor a protestas.
El diputado independiente Jeremy Corbyn fue tajante al señalar que las acciones del recinto constituyen “racismo antipalestino” y alertó que “este ataque a la libertad académica representa un intento de borrar a los palestinos de la historia, lo cual solo puede fortalecer la ocupación ilegal de Israel, aún en curso”. Aunque la dirección insiste en que el vocablo sigue presente en otras salas, el escándalo mantiene bajo la lupa la transparencia institucional ante la injerencia de grupos de presión.






















