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CEPAL debate cómo ampliar la acción de América Latina en el mundo

Documento identifica recursos estratégicos de la región y defiende una mayor flexibilidad en las formas de cooperación entre países

Informe de la CEPAL analiza los desafíos geopolíticos de la región. Foto: Divulgación.

América Latina y el Caribe – América Latina enfrenta una nueva configuración geopolítica internacional marcada por la disputa entre grandes potencias, el debilitamiento del multilateralismo y los cambios en las cadenas globales de producción. Al mismo tiempo, la región convive con la polarización política, la desigualdad, la fragilidad institucional y las dificultades para construir posiciones comunes.

Este es el diagnóstico presentado por una comisión creada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) para discutir los caminos de la región frente a las transformaciones del poder mundial.

Durante décadas, América Latina y el Caribe fueron tratados con frecuencia como actores secundarios en períodos de grandes disputas geopolíticas y de presión hegemónica de Estados Unidos. La dificultad histórica para avanzar en la integración regional es una de las señales de esa posición. Actualmente, según el diagnóstico de la comisión, continúa la ausencia de una voz común, mientras aumentan las diferencias políticas entre los países y disminuye la capacidad de formular intereses compartidos.

La falta de coordinación regional también está relacionada con la polarización política e ideológica dentro de los propios países. Los cambios de gobierno modifican con frecuencia las prioridades y dificultan la construcción de consensos que puedan mantenerse más allá de los ciclos electorales.

Fue en este contexto que la CEPAL convocó a la Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe. El grupo está copresidido por la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, y el expresidente de Colombia, Iván Duque, además de reunir a otras personalidades internacionales.

En los últimos días, la comisión presentó el informe “Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica”. El documento reúne las conclusiones de las discusiones realizadas por el grupo y propone abrir un debate sobre las opciones disponibles para la región frente a las transformaciones internacionales.

Un mundo menos previsible

El informe parte de las rupturas sufridas por el llamado “orden liberal internacional”. Uno de los principales cambios señalados es la transformación de la globalización. La eficiencia económica, que durante décadas orientó buena parte de la organización de las cadenas internacionales de producción, comenzó a compartir espacio con las preocupaciones de seguridad.

Este cambio ya afecta la localización y el diseño de las cadenas globales de valor. Los países y las empresas comenzaron a considerar no solamente los costos y la eficiencia, sino también la seguridad y los riesgos asociados con la concentración de la producción en determinadas regiones.

Al mismo tiempo, el debilitamiento del multilateralismo y los cambios en la gobernanza internacional abrieron espacio para una competencia multipolar entre grandes potencias. Con ello, varias de las reglas que orientaron las relaciones internacionales durante las últimas décadas perdieron fuerza. Para América Latina, este cambio ocurre en un momento de vulnerabilidad. Las expectativas de ampliar su capacidad de influencia internacional no avanzaron al mismo ritmo que las transformaciones del sistema mundial.

El informe también señala problemas internos. El retroceso democrático en algunos países, la polarización política, la desinformación descrita en el documento como una “crisis de la verdad” y el debilitamiento del Estado de derecho reducen la capacidad de respuesta de los gobiernos.

Otro factor señalado es la transformación de la distribución del poder internacional, con el declive relativo de la influencia de Estados Unidos y el ascenso de China. La región también enfrenta divergencias en torno a las políticas climáticas y cambios en las bases de la convivencia internacional provocados por decisiones y presiones externas.

Ante este escenario, la comisión presenta un diagnóstico orientado hacia un sistema internacional considerado híbrido, volátil y marcado por fuertes asimetrías. El informe evita, sin embargo, proponer una fórmula única para todos los países. La evaluación es que la heterogeneidad de la región exige que cada país considere su propia trayectoria y sus intereses.

Recursos naturales y capacidad productiva

El documento identifica cinco categorías de activos estratégicos que podrían ampliar la posición internacional de América Latina: recursos naturales; capacidades productivas; capacidades humanas y financieras; influencia política; y poder blando.

El tamaño del mercado regional también puede convertirse en un instrumento de influencia si existe una integración más efectiva entre los países. Para ello, el informe considera posible trabajar con formatos de integración de “geometría variable”, en los que diferentes grupos de países cooperen en áreas específicas sin exigir que todos participen en todas las iniciativas.

La existencia de estos recursos, sin embargo, no significa automáticamente una mayor influencia internacional. El informe relaciona esta cuestión con problemas históricos del desarrollo latinoamericano, como el bajo crecimiento económico, la elevada desigualdad y las limitaciones institucionales que dificultan las reformas estructurales.

Por ello, la comisión defiende decisiones políticas capaces de fortalecer la capacidad de los Estados, recuperar la confianza en las instituciones y ampliar la capacidad de respuesta de los gobiernos. También considera necesario construir consensos mínimos en sociedades atravesadas por la polarización.

Entre los problemas más urgentes está la expansión del crimen organizado. El informe incluye el combate al crimen organizado y a las economías ilícitas entre los desafíos centrales para aumentar la capacidad de actuación de los países.

El desafío de construir una acción regional

Para la comisión, el principal obstáculo para ampliar la presencia internacional de América Latina es la propia capacidad de actuación conjunta de la región.

La propuesta no pasa por alineamientos rígidos con una determinada potencia. El informe defiende una estrategia de no alineamiento activo, que permita a los países preservar margen de decisión y establecer diferentes formas de cooperación de acuerdo con cada tema.

En este modelo, la integración no dependería necesariamente de la unanimidad entre todos los gobiernos. La región podría asumir responsabilidades en áreas específicas y establecer acuerdos entre diferentes grupos de países, de acuerdo con sus intereses y capacidades. La dificultad está en la inestabilidad de los consensos regionales. Los cambios de gobierno suelen modificar las posiciones externas y las prioridades nacionales, lo que dificulta la continuidad de estrategias de largo plazo.

Esta inestabilidad limita la posibilidad de implementar proyectos destinados a ampliar la relevancia internacional de la región e interfiere directamente en la capacidad latinoamericana de responder a los cambios en el orden geopolítico.

El informe de la comisión de la CEPAL pretende, en este sentido, servir como punto de partida para una discusión más amplia. La propuesta no está dirigida solamente a los gobiernos. El documento también incorpora al debate a empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil, que pueden participar en la formulación de respuestas frente a los nuevos conflictos y reordenamientos del sistema internacional.

El desafío planteado para América Latina no consiste solamente en identificar los recursos que posee, sino en transformar esos recursos en capacidad de decisión y actuación internacional sin ignorar las diferencias políticas, económicas y sociales existentes entre los países.

Steve Rodríguez

Steve Rodríguez es reportero de Fronteira Livre, investigador y doctorando en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA). Posee una formación interdisciplinaria en narrativa audiovisual, estudios culturales latinoamericanos y prácticas pedagógicas anticoloniales. Su trayectoria articula la creación artística en ámbitos como el teatro, el cine y la cultura visual con la reflexión crítica y la investigación académica, desde una perspectiva inspirada en los estudios visuales desarrollados por Nicholas Mirzoeff.

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